| 1999. Desempleo |
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JORNADAS DE VERANO DE LA UNIVERSIDAD DE CASTILLA-LA MANCHA Cuenca, 23 a 25 de Junio de 1999 D. Joan Lerma Blasco
La conferencia se centra básicamente en una pequeña descripción de lo que es el mercado laboral español y las posibilidades de desarrollo del futuro. Es algo que está muy de actualidad no solamente porque el problema del empleo es el problema fundamental para la inmensa mayoría de los ciudadanos españoles, sino también porque acabamos de asistir a un debate de política general en que el tema fundamental ha sido el empleo y el crecimiento neto. El conjunto de los países europeos tienen una renta per capita aproximadamente un 20 % mayor que la española. Pero el problema principal, no es que produzcamos menos, sino que trabaja menos gente de la que lo hace en los países europeos en general. Nosotros de unos 32 millones de personas que podría estar en edad de trabajar, trabajan, o quieren trabajar, unos 16 millones de personas y hay casi, como se sabe, 3 millones de desempleados. De esos 3 millones de desempleados, un poco menos en este momento, alrededor de 1.700.000 son mujeres y el resto son hombres. El problema fundamental del mercado laboral español es que hay una tasa de actividad muy baja en comparación con los países europeos en general. En torno al 50 % de la gente que podría trabajar, trabaja. Además, no es la cuestión de que trabajen pocos hombres, la tasa de actividad de los hombres se acerca, en general, a la media de los países europeos. El problema fundamental de España es que trabajan pocas mujeres, en concreto la tasa de actividad de los hombres está por encima del 60 % mientras que la tasa de actividad de las mujeres, y tasa de actividad quiere decir no las mujeres que trabajan sino las que trabajan o quieren trabajar pero no puede hacerlo, está en torno al 37,9 %. Para hacernos una idea comparativa de lo que eso supone, hay que señalar que en la media de los países europeos está por encima del 50 % el trabajo de las mujeres, aquí, como digo 37,9%. Además, cuando nos comparamos con otros países más desarrollados, los países nórdicos, por ejemplo, o incluso Gran Bretaña, la actividad de las mujeres está en torno al 70 % aproximadamente, de manera que el problema fundamental del mercado laboral español, desde el punto de vista global, es que trabaja muy poca gente y especialmente que trabajan muy pocas mujeres respecto a las que podrían trabajar. Por eso, cuando hablamos de la cifra de desempleo, en torno a los 3 millones de personas aunque ahora sean algo menos, no nos estamos todavía planteando el problema real. El problema no es sólo emplear a los 3 millones de personas que en estos momentos están desempleados y que manifiestan su voluntad de trabajar, sino que además, si fuéramos a las tasas de actividad europea tendríamos casi 2 millones más de personas que podrían trabajar si hubiera alguna oportunidad. Estamos hablando, por tanto, de una necesidad de incorporación al trabajo de casi 5 millones de personas, aparte de los 3 millones de personas, algo menos, dos millones setecientas y pico mil, en este momento, que manifiestan su voluntad de trabajar. ¿Cómo se mide este desempleo? En España fundamentalmente hay, como se sabe, dos tipos de formas de medir, o tres si se quiere, unas son las afiliaciones a la Seguridad Social que con mucha frecuencia el Gobierno insiste en que han subido espectacularmente porque en este momento están en torno a los 14 millones de personas, 14 millones de personas de afiliados a la Seguridad Social que en teoría son más personas de las que trabajan en la Encuesta de la Población Activa que está en algo más des 13 millones de personas. Otra forma de medirlo es, como se sabe, las estadísticas que aparecen habitualmente del INEM. Esta es una fórmula de medir que sirve para poco en comparación con la realidad porque contabiliza la gente que se inscribe en las listas del desempleo. En este caso concreto, si midiéramos los desempleados que hay en la Encuesta de Población Activa con los desempleados que se inscriben en las listas del INEM estamos hablando de unos dos millones setecientos mil en la Encuesta de Población Activa, mientras que en las cifras del INEM están aproximadamente en un millón setecientos mil. Con frecuencia se suele usar una u otra cifra en función de la que más convenga políticamente, pero lo cierto es que las cifras del INEM no constituyen un testimonio real del desempleo. En el INEM sólo se inscriben los desempleados demandantes de empleo que reúnen unas determinadas características. Hay, como mínimo, un millón más de desempleados de los que hay inscritos en las cifras del INEM. Señalar a la vez, que antes para trabajar inscribirse en las listas del INEM era obligatorio y ahora el INEM ha perdido ese monopolio. Ya no hace falta inscribirse en las listas del INEM y por lo tanto, lógicamente, son muchos los desempleados que no lo hacen. De acuerdo con todo ello, la cifra real para medir el desempleo en España es fundamentalmente la Encuesta de Población Activa, que como su nombre indica es una encuesta y por tanto con una relativa fiabilidad. Estos últimos días, previos a la campaña electoral, ha habido una pequeña polémica precisamente por el tema de las cifras de la Encuesta de Población Activa. La ha habido porque quien realiza esta encuesta que es el Instituto Nacional de Estadística ha cambiado la metodología de elaboración de esa encuesta. Debido a esto y, a unos días de la campaña electoral, las cifras han salido sensiblemente mejores de que las que venían saliendo tradicionalmente. Uno de los problemas que denunciábamos sobre el tema del empleo es que efectivamente se estaba creando empleo en los últimos tiempos, pero se estaba creando empleo fundamentalmente masculino. Prácticamente de tres que se empleaban, dos eran hombres y uno era mujer. Simultáneamente, las cifras de desempleo de las mujeres era más elevada que la de los hombres. En el último trimestre, el cambio de metodología en la elaboración de la Encuesta de Población Activa, prácticamente lo ha vuelto del revés, de manera que lo que era un problema tradicional en la sociedad española, parecía que había cambiado de tendencia y que se empleaban más mujeres que hombres, cosa que no ocurría anteriormente. Pero lo cierto, es que para ver como funciona el mercado de trabajo, hay que saber que las estadísticas que tenemos hasta finales del año 98 son todas homologables entre sí, porque tienen la misma metodología, mientras que las estadísticas a partir del año 99 tienen una metodología distinta y, por tanto, son de difícil comparación. Pero con todo y con eso, estamos en una cifra alta de desempleo, una cifra de desempleo que casi dobla la media europea. Quién haya seguido el debate de política general, podrá observar con claridad que muchas de las cosas que se han planteado no acaban de responder mucho a la realidad que estamos viviendo. Ahora, estamos en una fase de expansión del ciclo económico, en la fase de expansión del ciclo económico las cosas funcionan razonablemente bien, se está creando empleo en estos últimos años de una manera bastante significativa, alrededor de 370 mil empleos netos cada año, aproximadamente. Hay que señalar que esto no es una cifra que responda al último Gobierno del Partido Popular nada más. Antes de entrar el Partido Popular, en el último año, el año 95, ya entramos en una fase expansiva del ciclo económico, se crearon también alrededor de 400 mil empleos netos. Por tanto, la creación de empleo, está más en función de la fase expansiva del ciclo económico, que en función de una política concreta que se pueda hacer. Esta situación, tiene claramente una comparación en el tiempo que se resiste, a veces, a las comparaciones simples que se hacen en determinadas intervenciones políticas. Cuando el Presidente de Gobierno se refiere a que en la etapa socialista se han destruido tantos empleos y en cambio en la etapa del Partido Popular se han creado tantos empleos está haciendo una comparación que científicamente no resiste la realidad. Lo que hay que comparar es cuántos empleos se han creado en una fase de crecimiento y cuantos empleos se han creado en otra una fase también de crecimiento. Lo que hay que ver es si se puede hacer más. También hay que observar qué pasa en las etapas de recesión. El problema del mercado laboral español, en general, es que en las fases de crecimiento se crea mucho empleo, que luego cuando hay una fase de recesión, se destruye casi tan rápidamente como se ha creado. Nos encontramos en una situación similar a la que habíamos vivido en los años 85/86/87/88/89/90 que fueron años de crecimiento. Si comparáramos estos años últimos, con aquellos años, la cifra de empleo que se ha creado es prácticamente la misma, o incluso más en la época anterior. Pero hay una diferencia sustancial y es que ahora hay menos generaciones que acuden al desempleo. Si en los últimos meses de los años 88/89, fueron necesarios más de 2 millones de empleos netos creados para disminuir el desempleo prácticamente en 600 mil, en esta fase, como que se incorpora menos gente al mercado laboral para disminuir en 1 millón 200 mil personas el desempleo ha sido necesario crear muchos menos puestos de trabajo de los que se crearon en la etapa anterior. Por tanto, digamos que las comparaciones desde el punto de vista científico tienen poco que ver, en general, con determinados discursos políticos que se suelen hacer. Hay que advertir, ahora que estamos en una etapa de crecimiento, que nos encontramos en unas circunstancias diferentes a las que estamos acostumbrados a analizar. Hemos visto como en las fases de crecimiento económico se genera mucho empleo y también hemos podido ver que en las fases de decrecimiento económico se destruye mucho empleo también en España. Ahora, estamos viendo en este Gobierno, como se está creando mucho empleo, pero no sé si todo el empleo que se podría crear, porque medidas que promuevan políticas activas de empleo se hacen relativamente pocas. En cualquier caso, lo cierto es que se genera empleo casi 400 mil empleos netos por año. Para abordar los problemas del desempleo, siempre se oye que es necesario flexibilizar el mercado laboral en España, un mercado laboral muy rígido que no responde, por tanto, a las fases del ciclo económico como deberían responder. Eso hace que se destruyan muchos empleos en las fases depresivas del ciclo. Para abordar la solución a este problema, se han hecho varias reformas laborales, algunas de las cuales han sido positivas. Ahora estamos viviendo el éxito de la reforma laboral del año 94. En el año 97, y dado que hay una elevada precariedad en el mercado laboral español, se ha iniciado otra reforma laboral pactada entre sindicatos y patronal, para conseguir mayor estabilidad en el empleo. Esa reforma laboral, consistía básicamente en que se abarataba el coste del despido y simultáneamente los empresarios se comprometían a contratar establemente. En esa reforma, se incluía además, una subvención a la contratación de alrededor prácticamente de la mitad de las cuotas de la Seguridad Social durante dos años consecutivos. La reforma se empezó a aplicar en los contratos estables de este tipo, se empezaron a aplicar en mayo del año 97. Esta es una de las cosas en las que insistió Aznar en su última intervención: antes había un 35 % de precariedad laboral, es decir, que los contratos eran contratos temporales y ahora hay un 30 % de precariedad laboral. Las cifras reales, cuando se empezó a aplicar la reforma laboral en mayo del año 97 señalaban que había un 33% de precariedad laboral. Es decir, que uno de cada tres contratos era un contrato temporal. Ahora, ya estamos en junio del 99, hay un 32,5 %, aproximadamente, de precariedad laboral. Prácticamente no ha funcionado en absoluto, aunque estos últimos dos meses haya crecido un poco más. Pero de los más de 10 millones de contratos que se hacen cada año, no más de un millón son estables contando todo tipo de contratos, no solamente los acogidos a esa reforma laboral. En cualquier caso, este tipo de contrato para garantizar la estabilidad en el empleo, con toda claridad, no ha tenido éxito. Cuesta la subvención 300 mil millones al año al Estado en Seguridad Social, que se les paga a los empresarios y la reducción de la precariedad laboral obtenida, no llega a medio punto. Por tanto, es un costo muy elevado, para no hacer más que una pequeña incidencia sobre la precariedad laboral. Este es otro de los problemas claros que tiene el mercado laboral español, que hay una elevada tasa de precariedad. No hay ningún país europeo donde los contratos temporales supongan el 33 % . Todos están muy por debajo, como mucho en la mitad, de lo que estamos actualmente en España. Otra de las cuestiones que se ha hecho para intentar mejorar no sólo la estabilidad, sino también mejorar el empleo ha sido, este mismo año, la regulación del contrato a tiempo parcial. El contrato a tiempo parcial es una modalidad que se ha estado aplicando en algunos países europeos, en concreto, siempre se pone como ejemplo Holanda. Para conseguir una especie de reparto de trabajo este contrato es una de las soluciones que se apuntan para mejorar la situación del desempleo. Sin embargo, en el caso concreto de España estamos ante un desempleo estructural. Este contrato ha empezado a aplicarse hace un par de meses aproximadamente. No sabemos cuál va a ser su evolución, aunque todavía la contratación a tiempo parcial está siendo pequeña. Esta es una forma de repartir el empleo existente actualmente, significa que no hay que hacer una jornada completa y que, por lo tanto, tampoco se recibe la remuneración completa a esa jornada. Es una forma de repartir el trabajo diferente a la de las 35 horas semanales que se proponen actualmente como forma de repartir el trabajo. Es diferente en el sentido de que en el contrato a tiempo parcial, si se trabaja menos se cobra menos salario y eso significa la posibilidad de que ese tipo de contratos pueda ayudar a repartir efectivamente el trabajo sin que suponga un incremento de coste para las empresas. Por lo tanto, puede suponer una realidad para mejorar el reparto del empleo actualmente existente en España. Es pronto para evaluar los resultados pero en cualquier caso la reforma del mercado de trabajo que ha hecho actualmente el Partido Popular se basa en las dos cosas que he dicho anteriormente, por una lado, el contrato estable que no es del Partido Popular sino un acuerdo entre Sindicatos y Empresarios, que el Partido Popular y todos los demás luego aprobaron por ley. Y luego, la regulación del contrato a tiempo parcial estable. Ha habido algunas cosas más, ayer mismo se acabó de aprobar la reforma de las empresas de trabajo temporal que era también uno de los problemas que discriminaba a los trabajadores. Entre aquellos que venían siendo contratados a través de una empresa de trabajo temporal y que cobraban menos y los que estaban en una empresa determinada y que no venían a través de la ETT y que por tanto, tenían un salario diferente. Lo fundamental de la reforma de las empresas de trabajo temporal es que además de haber mayor control sobre la actividad de estas empresas, ahora se equiparan los salarios, se venga a través de una empresa de trabajo temporal o se venga a través de una empresa normal. Esto fundamentalmente, ha sido todo lo que han supuesto las reformas laborales que ha promovido el actual Gobierno. Al mismo tiempo, hay una novedad fundamental en lo que hace referencia a las cuestiones del empleo y es que estas, tradicionalmente, venían siendo impulsadas siempre a través de intentar flexibilizar el mercado de trabajo, a través, en muchas ocasiones, de los diferentes tipos de contratos: el contrato de formación, el contrato de selección, etc. Pero nunca, con un plan completo que hiciera posible que hubiera una actuación específica y interdisciplinar en materia de empleo. Hay que tener en cuenta, de que se trataba fundamentalmente de iniciativas que venían de los gobiernos nacionales. Ha habido un cambio sustancial en la Unión Europea. Es algo que tiene mucho que ver con el funcionamiento actual de la economía. También durante muchos años, se había pensado que el control de los gobiernos sobre la demanda podría hacer posible pues cambiar, digamos, mayores cotas de inflación por menor desempleo eso que se llamó el keynesianismo, por resumirlo mucho, es algo que se agotó. En un momento determinado, cuando la economía se globalizó, ese tipo de políticas, que eran preferentemente políticas de izquierdas, dejaron de funcionar. Porque provocaban, muchas veces, que se enriquecieran tus vecinos y que tú perdieras competitividad y que por tanto, ese tipo de cuestiones en el ámbito de un país concreto ya no se podían aplicar. A partir de un determinado momento, se piensa que a este tipo de cuestiones puede hacerse frente desde un ámbito más amplio de actuación y especialmente en nuestro caso a través de la Unión Europea. Pero la Unión Europea, había sido un proyecto básicamente económico que intentaba conseguir un mercado único. El efecto fundamental demostración de ese mercado único no era sólo la desaparición de las fronteras que ya estaba ese proceso en marcha sino la constitución de la moneda única. La moneda única en la que ya estamos, aunque naturalmente las monedas concretas entrarán en vigor dentro de unos años. En cualquier caso, ya están fijadas las paridades entre todas las monedas que han entrado ahora en el euro, son paridades fijas, un franco ya no va a valer más o menos pesetas en el futuro, lo mismo que los marcos, porque esa paridad ya está fijada desde principios de este año. Han cambiado, por tanto, las circunstancias en las que nos estabamos moviendo desde el punto vista económico. Se pensaba, y se debe seguir pensando, que las políticas de empleo tienen que fijarse como mínimo en un ámbito europeo porque es fundamental que cualquier tipo de política de oferta o de demanda que se quiera hacer. Para tener éxito han de tener un ámbito más amplio de actuación que estrictamente el mercado nacional al que no veníamos refiriendo antes. El tratado de Maastricht que es seguramente del que más hemos oído hablar, hablaba fundamentalmente del euro, aparte de otras cosas más. Ha habido en los últimos tiempos una modificación al tratado de Maastricht. Una vez hecho todo el proceso de la moneda única como se sabe, en Amsterdam se ha aprobado una modificación del Tratado de la Unión Europea. Ha habido cambios en Europa desde el punto de vista político, se ha pasado de gobiernos mayoritariamente conservadores a gobiernos progresistas. Especialmente el Gobierno progresista francés de Lionel Jospin ha llevado a adelante una iniciativa, la Cumbre de Luxemburgo en la que específicamente se trató de la cuestión del empleo. Se insistió, en que en materia de empleo, debía haber una política europea y no exclusivamente las políticas nacionales, como venía ocurriendo hasta entonces. En el Tratado de Amsterdam se ha incluido también, el objetivo del pleno empleo como un objetivo fundamental. Ya no estamos, por tanto, ante un tratado de la Unión que básicamente trate de la Europa económica, sino también de la Europa del empleo. Esto ha sido así, porque a pesar de que Europa estaba viviendo una fase de crecimiento, lo estaba haciendo con una cifra de 18 millones de desempleados que no era habitual. Naturalmente, no podíamos decir que estabamos bien con 18 millones de desempleados en Europa de los cuales prácticamente 3 eran desempleados españoles. Por eso, a partir del Tratado de Amsterdam y especialmente desde la Cumbre de Luxemburgo se impulsó la necesidad de hacer programas de empleo. España, ahora viene obligada a presentar todos los años un programa de empleo. Un programa de empleo que trata básicamente de las iniciativas que hagan posible la mejora, la creación, la adaptación a las necesidades del empleo futuro. El problema del programa de empleo español es que cifraba en cinco años la necesidad de que todos los desempleados, en un momento determinado, tuvieran alguna posibilidad, ya fuera de entrevistas personales, de empleo, de formación y, en definitiva, de poder ser reciclados. En el año 98 que se presentó un programa de empleo por parte de España y el año 99 que también se acaba de presentar un programa de empleo por parte de España. Pero sustancialmente, a pesar del programa de empleo, no ha mejorado demasiado la situación. Estamos en unas cifras de desempleo que descienden, pero en cualquier caso las actuaciones que el programa de empleo prefigura no mejoran sustancialmente la situación. La disminución del desempleo está acorde con lo que está ocurriendo en el crecimiento del PIB y simultáneamente las acciones que se promueven, tienen poco que ver con la creación de empleo. Hay un término que le gusta mucho citar a Aznar y que se ha copiado de Blair que es el de la empleabilidad. Pero la empleabilidad aparece aquí como si la culpa del desempleo fuera de los propios que se tienen que emplear, porque quiere significar fundamentalmente que no están adaptadas sus posibilidades al mercado laboral y que por tanto, básicamente, es un problema de formación o de enseñarles a insertarse en el mercado laboral. Esto, en el caso concreto de Inglaterra puede tener una cierta virtualidad porque estamos hablando de cifras del 5-7 % corregidas de desempleo. Pero en el caso de España, que estamos hablando del 17-18 % hay que pensar que las causas del desempleo son bastante más profundas. En el caso concreto de España, trabaja poca gente, va a poder trabajar poca gente más si no cambiamos el procedimiento, porque el procedimiento no consiste únicamente en la formación. Mucha gente explica en numerosos foros que ha hecho todos los cursos posibles que hay sobre formación y que lo que quiere es un empleo ya. Eso es precisamente lo que no logra alcanzar. Tenemos que pensar por tanto, que estamos ante un desempleo estructural, que requiere medidas estructurales, no de crecimiento económico nada más. Tenemos que hacer actuaciones para el empleo que no sean únicamente formar a la gente, aunque formar a la gente sea fundamental. En ese sentido, es necesario muchas veces hablar de la reforma de la enseñanza. La reforma de la enseñanza que se hizo, en particular todo el tema de la LOGSE, tenía una relación muy directa con esa necesidad, tenía la vocación fundamental de intentar adaptar la educación a las necesidades del empleo. Esto ha quedado muy retrasado en su aplicación y probablemente nos hemos quedado un poco cortos para acogernos a la nueva situación que tenemos desde el punto de vista de las necesidades del empleo futuro. En cualquier caso, no estamos exclusivamente ante un problema de formación, aunque esta tenga que mejorar sustancialmente. Todo el proceso de globalización ha hecho que las cosas que se producen en un sitio tengan que estar ya en relación con todos los demás sitios, con la productividad de cada lugar y, naturalmente, con las posibilidades de formación del capital humano. Pero ahora hay que pensar que estamos compitiendo, no con el vecino de al lado que tiene una fábrica igual, sino que estamos compitiendo internacionalmente. Eso requiere una adaptación y en particular hay profesiones que están desapareciendo claramente, las profesiones tradicionales. Hay a la vez, profesiones que están claramente emergiendo y sobre las que nosotros tendríamos que incidir. Pero hay que insistir mucho en la necesidad de la educación tecnológica de la que el informe del Consejo Económico y Social hace una crítica bastante dura a la actuación del Gobierno, precisamente porque en unas etapas en que es más necesaria la educación tecnológica ha disminuido la cantidad que se aporta para esa necesidad. Hemos cambiado la perspectiva desde el punto de vista económico, ahora estamos en el euro. Eso significa que hemos fijado nuestro tipo de cambio con las monedas europeas que forman parte de él y tiene una implicación muy directa para el empleo. Ahora estamos compitiendo ya con unos países que tienen un determinado nivel de productividad, si nosotros ahora, después de fijadas las paridades de las monedas, tenemos más inflación que tienen los demás, eso significa que los precios de nuestros productos se están encareciendo relativamente con los precios de los productos de los demás. Antes esta situación era habitual en la economía española, nosotros hemos tenido siempre una inflación más elevada que los países europeos y también un crecimiento mayor, o sea, no es ningún éxito decir que ahora España está creciendo por encima de la media europea. Siempre que hay fases de crecimiento, España crece bastante más que crece la media europea porque partimos de una situación peor. Pero, al mismo tiempo, España siempre ha tenido un crecimiento inflacionario. Ahora hay unas cifras de inflación muy ridículas con respecto a las inflaciones que estabamos acostumbrados anteriormente, ahora estaremos en algo más del 2 %, alrededor del 2,2 en las últimas cifras. Lo significativo no es que esa sea una cifra histórica para España por lo baja que es. Lo significativo no es que esa cifra sea baja, sino la inflación relativa que tenemos con respecto a los otros países que son nuestros competidores. En eso estamos casi en el doble de nuestros competidores europeos. Eso significa, en estos momentos, que nosotros estamos encareciendo nuestros productos para la exportación y estamos favoreciendo que los productos que se producen fuera puedan entrar aquí a precios más baratos. Tiene pues España, en estos momentos, un problema grave de inflación y un problema grave de inflación es un problema grave sobre el empleo, porque ahora ya no podemos hacer como hacíamos anteriormente. Cuando subía nuestra inflación más que los demás países europeos lo que hacíamos o el propio mercado o bien oficialmente la moneda se devaluaba y volvíamos a recuperar competitividad. Ahora ya no se puede hacer eso y por tanto los problemas de inflación son problemas graves. Lo que ocurre es que vamos a comprar más fuera y vamos a vender menos dentro. Por lo tanto, vamos a generar menos empleos en el futuro si seguimos manteniendo este diferencial de inflación que en estos momentos estamos manteniendo. Esto guarda relación muy directa con la estructura económica que tenemos en estos momentos. La solución a los problemas de inflación pasa fundamentalmente por la liberalización de los sectores y por someterlos realmente a la competencia. Normalmente cuando se habla de inflación, y especialmente de inflación en el sector servicios, siempre hacemos referencia o estamos pensando en los precios de los hoteles o de los chiringuitos de la playa, pero eso no es verdad. La inflación quien la genera realmente son fundamentalmente los sectores de los que depende la producción. La generan fundamentalmente el coste de las telecomunicaciones que es un coste más elevado de los que pagan nuestros competidores habitualmente. Después de la privatización y la liberalización de telefónica, no se ha liberalizado realmente el sector y los costes son altos. Seguimos pagando la energía más alta que nuestros competidores europeos. Además para adaptarnos a la competencia tenemos que dar a las empresas eléctricas 1 billón 300 mil millones que pagamos en el recibo de la luz habitualmente y que es un factor de falta de competitividad con los demás. También esta el coste de otro tipo de energías como las ofrecidas por Repsol, por ejemplo. Pagamos costes energéticos mayores y eso tiene que ver bastante con que ha habido mucha privatización pero ha habido poca liberalización de sectores. El camino de la solución debería estar básicamente, no en privatizar, sino en liberalizar, someter a la competencia y posibilitar que los factores que en estos momentos determinan la inflación, que son más políticos que económicos, puedan desaparecer fundamentalmente. La inflación es un problema grave y el problema de la inflación debe acometerse desde la liberalización real de los sectores económicos, al mismo tiempo que la productividad. Oímos hablar más de competitividad para insistir en que ahora hemos que ser más competitivos y para ser competitivos casi siempre, se hace referencia al coste de los factores de producción y especialmente al coste del factor empleo, trabajo. Pero si no se produce este proceso de liberalización normal, abocamos siempre a las empresas y a los empresarios, para poder competir, a tener que presionar siempre a la baja a los salarios y tener que ahorrar costes sobre la base de la precariedad. La fórmula de romper con eso y de ser realmente competitivo es procurar liberalizar, procurar ser competitivo y procurar controlar la inflación. Competitividad hace referencia casi siempre, cada vez que se utiliza, al coste salarial. Lo que es necesario en este país es hablar de productividad. Productividad no consiste en trabajar más, sino trabajando lo mismo producir más. Eso hace referencia fundamentalmente a inversión, inversión en capital físico del que nuestras empresas en general hacen poca, inversión en capital humano que depende también en buena medida de nuestras empresas y como no, en este caso, de la Administración. Estas cosas son fundamentales desde el punto de vista político y son las que deberíamos impulsar para controlar el problema. Cuando comparamos las elevadas cifras de desempleo que tiene España con las cifras que tienen otros países europeos, hay que tener en cuenta que tenemos esa realidad porque en materia de todo lo que son servicios de atención personal, servicios sociales en general, nosotros estamos absolutamente infradotados. Nuestros costes sociales son mucho más bajos que la media de los países europeos desarrollados y los empleos que nosotros tenemos en estos sectores son naturalmente muchísimo más bajos también. Eso no les gusta oírlo en muchas ocasiones a los rectores económicos o a los empresarios en general. Pero es la realidad y tenemos que empezar a pensar que más gente pueda trabajar para que la economía productiva funcione, para que mantengamos una demanda sostenida y para que seamos capaces de igualarnos a la media de los países europeos. Necesitamos invertir más en cosas diferentes a las que ahora invertimos, aunque también sigamos invirtiendo en las actuales. En primer lugar, en infraestructuras porque hacen un país competitivo y eso genera empleo. En segundo lugar, si queremos que más hombres y mujeres puedan trabajar tenemos que pensar que tenemos que darles la posibilidad de hacerlo y lo cierto es que no les damos la posibilidad de hacerlo. En el Plan de Empleo de España y en las recomendaciones de Bruselas, hay una cosa que se llama igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres para conseguir empleo. Las mujeres que hay empleadas en España, en general, tienen más formación de la que tiene los hombres y simultáneamente tienen un sueldo que supone el 76 % de la media de los hombres. Por tanto, tienen más cualificación, están peor pagadas y trabajan muchas menos mujeres que hombres. En estos dos años de políticas de empleo del Gobierno no se ha conseguido mejorar en absoluto esa situación. Siguen empleándose menos mujeres que hombres, siguen trabajando pocas mujeres y no hay una igualdad real de oportunidades. La única medida real de igualdad de oportunidades que ha tomado el Gobierno ha sido la de proponer el coste cero de la Seguridad Social para las mujeres que se quedan embarazadas y esa medida tiene una incidencia prácticamente nula sobre el tema del mercado laboral. Desde luego, no ha conseguido cambiar la tendencia del empleo de las mujeres. Para que las mujeres y los hombres puedan trabajar hay que hacer otra política diferente. Una política que pase fundamentalmente por intentar potenciar los servicios de proximidad, eso requiere un impulso público y una política que haga posible que trabajen las mujeres. Para ello, hay que hacer una mayor insistencia en la escolarización, en la escolarización desde las edades tempranas. Eso son más puestos de trabajo y al mismo tiempo más posibilidades de trabajar. El impulso que desde la Administración se le debe dar a las nuevas profesiones o, si se quiere, a las viejas profesiones pero que no tienen, digamos, una cuantificación. Se puede hacer al estilo de lo que han hecho los franceses o los ingleses. Ese tipo de promoción de los empleos de proximidad que a continuación van a tener posibilidades de sostenerse económicamente, para los que hoy existe una demanda efectiva, pero no existe en cambio una posibilidad de retribución. Esta es una vía fundamental desde el punto de vista del empleo que además tiene que añadirse a las tradicionales del crecimiento económico y de la competitividad o si se quiere de las mejoras de la productividad. En el tema concreto de las mejoras de productividad hay que resaltar que, en España, son muchos los empleos que hay que crear. La razón es que además nuestra productividad además crece habitualmente bastante por encima, un punto prácticamente más, de lo que crece la productividad europea. Eso significa que cada año, solo por efectos de la productividad, del crecimiento de la productividad, se destruyen alrededor de 200 mil empleos. Esto es algo con lo que hay que contar también. Si no cambiamos de procedimiento de creación de empleo, y lo aventuramos solo al crecimiento económico y nada más, no tenemos unas perspectivas positivas. Hay que insistir en las políticas de crecimiento, hay que insistir en la mejora de la productividad, pero hay que insistir también en explorar nuevas profesiones y sobre todo, hay que impulsar desde la Administración no solamente la formación, sino también la creación de empleo. Esto es un poco algo que nosotros hemos estado promoviendo en los últimos tiempos. La mejor fórmula de hacerlo es la Administración Local. Los mercados de trabajo son fundamentalmente locales y son los Ayuntamientos, a través de pactos locales por el empleo y contando con el resto de implicados, especialmente diversas Asociaciones, Sindicatos, Empresarios y particularmente las escuelas, los que podrían hacer un papel fundamental desde el punto de vista de la creación de empleo en el ámbito local respaldada, naturalmente, por el Gobierno que disponga de los votos correspondientes para hacerlo.
Joan Lerma Blasco. Senador.
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