CARRER MAJOR, SEPTIEMBRE 2002

 

LA OPINION DE JOAN LERMA

 

Hace ahora un año que los acontecimientos del 11 de Septiembre, de especial gravedad, cambiaban el escenario político de manera uniforme. A partir de entonces, la guerra contra el terrorismo cobró un protagonismo mundial, eclipsando todos los conflictos domésticos y, todavía hoy, sigue dominando las grandes cadenas de comunicación y haciendo trabajar diplomáticamente a los Estados para evitar conflictos, si no mayores, al menos de imprevisible final.

 

Sin embargo, algunos conflictos domésticos también eran importantes. Para empezar, el tema terrorista en España no solo no se había solucionado, sino que los continuos intentos de Aznar de empujar a los nacionalistas vascos fuera de la Constitución y el Estatuto (lo que tampoco era demasiado difícil) habían puesto la solución más complicada. A continuación, el tema Gescartera, con sus ¿18000 millones? volatilizados, desapareció también de los medios de comunicación y en este conflicto, con ser muy importante el destino del dinero, lo fue mucho más por la sensación de impunidad que el Gobierno consintió. El Partido Popular cerró una Comisión de Investigación parlamentaria sin dejar descubrir nada, a no ser por la aparición de la agenda de la hermana del Secretario de Estado, puso en cuestión la legitimidad de la Comisión Nacional del Mercado de Valores - fundamental para mantener la disciplina del mercado -, afectó al funcionamiento de la Agencia Tributaria - restándole credibilidad para recaudar y combatir el fraude - y llegó a afectar al Banco de España. Como puede verse, los problemas domésticos también pesaban.

 

Y con estos antecedentes en la conciencia de los ciudadanos, a los que cabe sumar otros tales como una política de privatizaciones de grandes empresas publicas, que mantuvieron al frente gentes designadas por el gobierno del PP y que no han introducido la competencia en los mercados, no es difícil entender que los precios suban y que cada vez sea más difícil  exportar y crear empleo, haya o no una ralentización de la economía mundial.

 

Porque el gobierno sabe que con un crecimiento como el que tenemos, se podría generar más empleo si hubiera una mayor credibilidad en sus opiniones. Sabe también que las estadísticas de empleo anteriores y actuales, ya no se pueden comparar, porque ha cambiado al menos dos veces su procedimiento de elaboración y sabe también que la economía es un cuerpo vivo, que entre otros factores depende de la credibilidad. Y esto es precisamente lo que le falta ya a este Gobierno, porque ha cambiado impuestos que dependen de la riqueza del contribuyente por otros que se paga igual por todos y ha contribuido con las subidas a crear inflación. Porque se ha empeñado en restringir la inversión, en una época en la que lo que hay que hacer es estimular la economía y porque quiere que la falta de competitividad consecuencia, de todo lo anterior, más el escaso apoyo prestado a la innovación y la investigación la suplamos con recortes en los gastos sociales y con mayor precariedad laboral, lo que dio como consecuencia una huelga general que el Gobierno se negó a aceptar.

 

Va siendo hora ya de un cambio que de más credibilidad a las decisiones del Gobierno, que haga mayor el crecimiento y la creación de empleo que restituya el gasto social y la inversión, que de mayor seguridad para disfrutar de la libertad a los ciudadanos y nos de mayor autonomía en la política internacional.

 

Joan Lerma