Los nuevos
Presupuestos del Estado y con ellos, la conocida ley de acompañamiento,
nos han traído este año importantes novedades en materia de
impuestos.
No tengo la pretensión
de poner de manifiesto que los gobiernos del PP, contrariamente
a lo que explican, han subido la presión fiscal en España; de
eso ya se han encargado los organismos internacionales
independientes simplemente publicando las cifras oficiales.
Pretendo poner de manifiesto que cuando el gobierno dice que el
nuevo impuesto sobre las ventas minoristas de hidrocarburos era
necesario para financiar la sanidad, no está diciendo toda la
verdad.
En síntesis, el
nuevo impuesto sobre las ventas minoristas de determinados
hidrocarburos, introducido como una enmienda del PP al propio
proyecto del Gobierno de Medidas Fiscales, Administrativas y de
Orden Social para evitar un debate más amplio que si lo hubiera
introducido en el proyecto inicial, consiste en un recargo sobre
el precio de las gasolinas, gasóleos y queroseno de uso general
de 24 euros por cada mil litros, de seis euros por mil litros de
gasóleo de usos especiales y de calefacción y para el
queroseno de calefacción y un euro por Tm. para el fuelóleo;
en lo que se refiere al tramo estatal del impuesto más unas
cantidades similares que podrán ir adicionando las comunidades
autónomas; que pagarán los consumidores de dichos productos y
que deberán ingresar en la Administración tributaria los
vendedores de los mismos.
Si la única
pretensión hubiese sido recaudar más ingresos, simplemente el
gobierno podría haber aumentado el actual impuesto sobre
hidrocarburos, mucho más fácil de recaudar puesto que se paga
en origen y no es necesario implicar ni a todas las gasolineras,
ni a una Administración tributaria que no están preparadas
para hacerlo. Pero hacerlo así habría hecho aparecer al
gobierno como responsable de la subida, cuando se había
comprometido a lo contrario en las anteriores movilizaciones por
la subida de los carburantes, y no a las comunidades autónomas
y a la financiación sanitaria que es como el gobierno lo ha
explicado.
La subida de las
gasolinas además, al menos hasta ahora, no ha tenido una
respuesta ciudadana de protesta porque ha quedado enmascarada
con la entrada en vigor del euro, con lo que el precio real no
parece haber variado por decisión gubernamental sino por el
llamado redondeo.
Los ingresos
previstos por este nuevo impuesto suponen alrededor de 811
millones de euros (unos 135.000 millones de pesetas).
Pero estos mayores
ingresos, que pagaremos entre todos los consumidores son
necesarios, no para financiar los gastos sanitarios, sino para
financiar la merma de ingresos que la Hacienda Pública tendrá
con el nuevo tratamiento fiscal que el gobierno ha introducido
para las plusvalías (ingresos extraordinarios). También muy
sintéticamente, el Gobierno ha introducido en el Impuesto sobre
Sociedades modificaciones que harán que quienes reinviertan los
beneficios extraordinarios, paguen el 18% de impuestos en lugar
de pagar el 35%. Como puede verse, una buena rebaja para
aquellos que tengan plusvalías.
¿Quién tiene
plusvalías? Según afirmaba el ministro de Hacienda, Cristóbal
Montoro, las empresas han generado alrededor de 700.000 millones
de pesetas en 2.001 y generarán alrededor de 850.000 millones
en 2002. ¿De dónde vienen esas plusvalías? No de la actividad
normal de las empresas sino fundamentalmente de las grandes
empresas que eran de todos y han sido privatizadas y de grandes
empresas que controlan sus sectores y se han querido fusionar,
teniendo que desinvertir por razones de defensa de la
competencia, a las que el Gobierno ha recompensado en la ley con
esta desgravación.
Aunque es cierto que
antes tenían un tratamiento aplazado para la cotización y por
tanto a corto plazo se puede ingresar más, no así al final que
se perderán ingresos claramente, lo que es verdad es que el
Gobierno del PP les ha hecho un buen regalo a estas empresas
rebajándoles el pago del 35% al 18%, la misma cotización que
las rentas del capital y muy por debajo de lo que se paga por
rendimientos de trabajo o por actividad empresarial.
Aunque los ingresos
perdonados sean difíciles de calcular porque también podrían
acogerse a otras exenciones, lo cierto es que superarían en
mucho los 811 millones de euros que se espera obtener por el
nuevo impuesto sobre las gasolinas supuestamente como se ha
dicho para financiar la sanidad y eventualmente temas de medio
ambiente en el tramo autonómico.
No entraré a
valorar si el nuevo tratamiento fiscal dado a las plusvalías es
bueno o no. Todo el mundo puede hacer su valoración pero en
primer lugar sería pronto para hacerlo porque todavía no
sabemos el resultado que dará para el futuro de las empresas y
sus posibilidades de crecimiento y creación de empleo, aunque
parece que las grandes empresas despiden más.
Lo que sí puedo
decir es que las grandes empresas después de privatizadas, no
parecen haber incrementado sus inversiones en mejorar los
servicios e investigar. Tampoco parece que las empresas eléctricas
después del regalo para adaptarse a la competencia de más de
un billón de pesetas que el Gobierno les ha dado, hayan
mejorado mucho su gestión, si nos atenemos a los últimos
cortes de suministro.
Lo que sí es
evidente es que el Gobierno ha trasladado el impuesto de las
empresas que tienen beneficios extraordinarios, es decir no por
su actividad normal, a todos los consumidores de hidrocarburos
sin distinción. Y lo ha hecho además siguiendo una mala técnica
legislativa mediante enmiendas en el Senado, y justo antes del
cambio del Impuesto sobre Sociedades que tiene previsto hacer y
además, a través de una ley, la de acompañamiento del
presupuesto que todos los años, sin saber siquiera el resultado
que da, modifica la legislación fiscal e impide por tanto
planificarse a empresas y particulares.
Todo un derroche de
virtudes y centrismo, como se puede ver.