Tuve la suerte de conocer a Ernest Lluch en
la Universidad de Valencia en los años 70, él como profesor de fama
-pronto pude comprobar que era bien merecida- y yo como alumno. Su
compromiso con la enseñanza de la economía fue también un compromiso
con las personas. Nos enseñó a trabajar por nuestra tierra y el rigor
con que había que hacerlo.
De sus trabajos universitarios y de la escuela que creó, se ha
valido y se vale toda la sociedad valenciana para llevar adelante un
gran proceso de modernización, hasta el punto que de allí salimos gran
parte de los que posteriormente fuimos durante muchos años, ya con la
democracia, los primeros administradores de la Generalitat.
Coincidí con él en las plataformas democráticas de oposición al régimen
de Franco donde destacó siempre por su talante tolerante y su visión
plural de la realidad española.
Me alegre extraordinariamente cuando lo vi en las listas del PSC en
las primeras elecciones, porque pensé que con personas así las cosas
no podían salir mal, ni para la España de las libertades y la
tolerancia ni para la España plural, ni para el necesario cambio
social. Ya como ministro de Sanidad de Felipe González, le correspondió
la difícil tarea de responder a las aspiraciones de cambio con los
pocos recursos de principios de los años 80 y a su vez, abordar el
proceso de transferencias a las Comunidades.
Alejado de la primera línea, dió un gran impulso a la Universidad
Menéndez y Pelayo. La rabia por la irracionalidad de su muerte, como la
de todas las muertes, no nos impide reivindicar los valores con que vivió
y procuremos en su memoria hacer presentes en nuestro comportamiento un
gran humanismo; un compromiso personal con la gente; la defensa de la
tolerancia y la concepción de una España plural y cohesionada en que
la identidad de cada uno forme parte de la riqueza de la colectividad.
Joan Lerma es ex presidente de la Generalitat valenciana.