articulo publicado en el País el 10 de Marzo de 2.000

Estas Elecciones Generales tienen algo diferente a las que hemos vivido hasta ahora. Se celebran después de haber gobernado cuatro años el Partido Popular. No trato aquí de hacer un balance de su gestión, pero si quiero poner de manifiesto cambios muy importantes en el panorama político que han dejado casi aislado al partido del gobierno, en la posibilidad de alianzas salvo quizá, la reticente "Convergencia i Unió" y ha hecho que se una la izquierda en un programa de gobierno común.

Cuatro años de gobierno popular han dado como consecuencia una gran concentración de poder económico y de medios de comunicación en España, como no era posible imaginar. Como consecuencia de ello, la Democracia se resiente claramente y no es necesario ir demasiado lejos para ver el talante con que nos han gobernado. Recientemente salía el Director General de Televisión Valenciana a responder unas acusaciones de su personal, que denunciaban que el 80% de las informaciones eran del Partido Popular. Lo preocupante, es que lo hacía a continuación de que saliera a denunciarlo el Partido Socialista, utilizando para ello el tiempo tasado para los partidos en las elecciones. El lo hacia sin consumir tiempo. Otra muestra de ese talante, esta vez de mucha mayor gravedad, nos la daba el Sr. Zaplana al afirmar en un mitin emitido por Televisión, que "el Partido Popular es el único que puede solucionar el problema del terrorismo en España".

Es verdad que lo decía sin estridencia, pero esa es exactamente la actitud utilización partidista que no va solucionar el problema. Si algo va a solucionarlo es precisamente la actitud contraria: Unir a los Demócratas y aislar a los violentos. Algo que al Sr. Aznar "se le olvido" acordar con el nacionalismo vasco en el voto de investidura a Presidente de Gobierno. Si se pretende hacer de "Hombre de Estado" se debe tener esa visión.

Durante la Campaña Electoral, el Partido Popular, sin nadie a su derecha, esta haciendo un discurso con especial incidencia en temas sociales (impuestos aparte). No teme el abandono de su electorado conservador tradicional. Pero sin duda, el tema estrella de esta campaña están siendo las empresas públicas que se han privatizado y especialmente, Telefónica y sus directivos. Ellas son una de las partes mas negras de los años de gobierno conservador en la España de los últimos años. Sin duda, el mensaje de que se las han quedado los antiguos directivos que nombró el Gobierno, ha llegado nítidamente a toda la Sociedad. También es sabido que todas ellas siguen disfrutando en las proximidades del Poder, de una posición de dominio en sus respectivos mercados – poco abiertos a la competencia de precios – que les garantizan la obtención de beneficios extraordinarios sobre todo a sus directivos aparte de remuneraciones mucho mas elevadas que cuando eran públicas.

Hasta aquí, los hechos son bastante claros. La gente podría preguntarse: "El que unos pocos ganen dinero de una manera rápida ¿en que me puede perjudicar a mi? "

Se ha criticado la moralidad de que se enriquezcan tan rápidamente después de la privatización del Patrimonio Publico cuando la mayoría le cuenta tanto esfuerzo sacar adelante sus empresas, ganarse el sueldo o simplemente poder trabajar. Pero este, con ser importante no es el único perjuicio que plantea. Ocurre que los beneficios extraordinarios no son el producto de una buena gestión o de una mejora en los servicios. ¡No son el producto de la liberalización sino de la falta de ella!. Son el producto de la posición de dominio del mercado, de la relación con el Poder, de la falta de competencia. Y la consecuencia es que los consumidores, ya sean empresas o particulares, pagan precios mas caros por los servicios que se ofrecen, sean telecomunicaciones o energía. Las empresas soportan mayores costes que las de otras países donde existe libre competencia y pierden competitividad. De poco sirve que se anuncien rebajas fiscales como el Impuesto de Actividades Económicas, si por teléfono, electricidad o gas se paga mucho mas. Que esto es así lo certifica el hecho de que a pesar del periodo de crecimiento que vivimos, competimos peor. Importamos mas que exportamos pese a nuestros salarios menores que la mayoría de nuestros socios europeos, y generamos menos empleo y de peor calidad del que se podría crear.

Los beneficios extraordinarios los pagamos entre todos sin que nos hayan pedido nuestra opinión (como tampoco se la han pedido a sus accionistas) a no ser, que se diga que esto ya se decidió en las elecciones. En cuyo caso, ya sabemos a quien no deberíamos votar.

La visión cuanto menos sorprendente sobre las privatizaciones no es solo del Gobierno. También se la hemos podido escuchar a José Maria Cuevas (Presidente de los empresarios) negando la importancia que debería tener sobre todo para los empresarios el Tribunal de Defensa de la Competencia y la necesidad por tanto de independizarlo del Poder.

Lo hecho con las empresas privatizadas no es producto de un pequeño grupo de conspiradores como se puede ver: es una opinión muy arraigada en algunos círculos gubernamentales. Es muy antigua y sobre todo es negativa para el progreso de la Sociedad.

Lo malo no es privatizar. Hay que hacerlo en muchos casos para garantizar la eficiencia y la competitividad y por lo tanto un mejor trato para el consumidor. Para que las empresas puedan ganar dinero, lo cual no solo no es malo sino que es una condición imprescindible para su continuidad, abran de ser eficientes: competir. Pero tendrá que ser garantizándoles la igualdad de condiciones y no en las cercanías del poder o evitando las criticas de los medios de comunicación.

El Gobierno tiene la obligación de garantizar la igualdad de condiciones y a su vez, ayudar a competir mejorando nuestra capacidad tecnológica que es un capitulo en el que no estamos demasiado bien. Es aquí donde se debería hacer el esfuerzo mayor de ayuda a las pequeñas empresas que de lo contrario, no podrán acceder y es aquí, donde el actual gobierno se sabe en falta porque anuncia en plenas elecciones un Plan de I+D (Investigación y Desarrollo).

Los gastos en I+D en España de acuerdo con los datos del propio Gobierno, no alcanzan el 50% de la media europea. Muy por debajo de lo que se corresponde con nuestro nivel de renta actual. Esto no solo significa que se es dependiente tecnológicamente, sino que se va por detrás en la aplicación de las innovaciones y que es difícil encontrar las personas formadas para su aplicación. España y mucho mas la Comunidad Valenciana que representa un pequeñísimo porcentaje del total español en I+D, han de hacer un gran esfuerzo en esta cuestión. Los Fondos Europeos que vamos a empezar a recibir hasta el 2.006 hemos de saberlos gastar.

La falta de inversión en el pasado reciente no ha traído consecuencias negativas ya: Durante los ultimo años, en parte por los altos costes a los que me referí anteriormente y en parte por la falta de inversión (aunque sin duda hay otros factores) estamos compitiendo con nuestro vecinos con bajos salarios y precariedad laboral.

El actual gobierno ha presumido durante su mandato de mas de diez millones de contrataciones anuales pero no ha dicho con la misma claridad que mas del 80% de esa contratación tiene menos de tres meses de duración.

Se han invertido desde Mayo de 1.997 en que comienza la reforma laboral, alrededor de trescientos mil millones anuales para subvencionar la contratación estable. A pesar de que se ha abaratado el coste del despido para las empresas y que se subvenciona la contratación, la temporalidad sigue siendo la misma que al empezar. Uno de cada tres trabajadores tiene un contrato temporal. Sin contar que las mujeres siguen teniendo mayores dificultades para emplearse. Las medidas de subvencion han servido al Gobierno como pretexto, pero no han sido la solución.

Solo una política decidida de romper los intereses creados defendiendo la libre competencia en determinados sectores. Un mayor nivel de inversión en investigación y desarrollo. Una apuesta decidida por la tecnología y la innovación y una mejora, sostenida en el tiempo de la formación, nos permitirán mejorar nuestra posición relativa en Europa. Acercarnos a los niveles de renta de los países mas desarrollados. La moneda única y el pacto de estabilidad, dejan poco margen para otras políticas que nos permitan mejorar con mas rapidez que ahora nuestra posición.

Si adoptamos con decisión este cambio político, podemos pensar en un futuro mejor y mas estable que lo que hemos conocido hasta hoy.

No podemos resignarnos a un futuro en que la inestabilidad en el empleo sea una característica fundamental de nuestra capacidad para competir.

Creo que hay suficientes razones para cambiar la política actual.

Joan Lerma