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La reforma valenciana |
Hace años que en las Cortes Valencianas se constituyó
una ponencia para reformar nuestro Estatuto de Autonomía
y aunque en 1982, cuando se aprobó el primer texto,
logramos las máximas competencias que entonces poseían
tan sólo algunas comunidades autónomas, al tener que
hacerlo por una vía singular, la del artículo 143 de la
Constitución, más Ley Orgánica de Transferencias, a
muchos nos pareció que el Estatuto, por voluntad de la
derecha gobernante de entonces, había salido
cualitativamente (políticamente) mermado: Por un lado,
las competencias asumidas, especialmente en educación y
sanidad, aunque nunca tuvimos ningún problema para
ejercerlas, lo cierto es que no fueron realmente
nuestras hasta la derogación de la Ley Orgánica de
Transferencias a la Comunidad Valenciana (Lotrava). Por
otra parte, no se podían disolver anticipadamente las
Cortes, sino que había que hacerlo a fecha fija y
celebrar elecciones junto con las municipales y otras
doce comunidades autónomas, de forma obligada y no por
elección.
Finalmente, la vía seguida para la consecución de la
autonomía impedía al pueblo valenciano pronunciarse
sobre su Estatuto en referéndum, ya fuera para una
aprobación inicial o para una posterior reforma, aunque
sí se consiguió al menos que las Cortes Valencianas
tuvieran la última palabra en su aprobación o no tras su
paso por las Cortes Generales.
Todas estas cuestiones se han superado con la actual
reforma estatutaria. Después de que el Gobierno Aznar
mantuviera cerradas las expectativas de reformas que se
tradujeron en los más peregrinos pretextos por parte del
PP en la ponencia que trabajaba en las Cortes
Valencianas, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero
abrió de nuevo las posibilidades de cambio promovidas
por los parlamentos autonómicos, sin mas límites que un
amplio acuerdo para su aprobación y el respeto a la
Constitución, siempre que se garantizara que eran de
interés para todos.
Elevar el nivel cualitativo del Estatuto de Autonomía de
los valencianos era, para el Partido Socialista, una
obligación moral, y así lo entendió nuestro secretario
general. Adaptarse a las nuevas circunstancias después
de más de veinte años de vigencia, especialmente en
derechos sociales y libertades, desarrollo sostenible y
defensa del medio ambiente, o en la mejora del
funcionamiento de la administración de Justicia o la
propia Hacienda, así como dar un tratamiento adecuado al
nuevo fenómeno de la inmigración, no cabe duda que eran
cuestiones de amplio interés general. Así pues, el
Partido Popular en la Comunidad de Valencia tenía
difícil negarse a la reforma. Ésta se encuentra ya en su
fase de discusión en el Senado para la aprobación
definitiva.
Aunque el acuerdo inicial en las Cortes Valencianas
comprendía un apoyo muy amplio -sólo seis diputados de
ochenta y nueve se oponían al mismo-, al pasar el
proyecto de reforma de Estatuto a su discusión en el
Congreso de los Diputados había una segunda oportunidad
para incluir en el acuerdo a más grupos parlamentarios y
el secretario general del PSPV-PSOE lo quiso intentar
proponiendo algunas modificaciones: en particular, la
que hacía referencia al porcentaje mínimo de votos para
obtener escaño en el Parlamento valenciano.
Hay que decir que la propuesta no fue muy bien acogida
por alguno de sus destinatarios, que llegaron a decir
que como mucho serviría para negociar su abstención pero
nunca su respaldo al Estatuto. Y sin embargo, pese al
poco entusiasmo demostrado, Joan Ignasi Pla consiguió
que el mínimo electoral para poder obtener
representación saliera del Estatuto de Autonomía y
pasase a ser materia de la Ley Electoral. No es un
cambio menor, puesto que la reforma estatutaria no sólo
requiere una amplia mayoría en las Cortes Valencianas
para promoverse; también requiere mayorías absolutas en
el Congreso de los Diputados y en el Senado para
aprobarse, y es difícil pensar que con las mayorías
requeridas puedan plantearse situaciones más favorables
que la actual para su ratificación. En cambio, su
remisión a la Ley Electoral, aunque también necesita una
amplia mayoría para su aprobación, permite el debate
político a lo largo de toda la legislatura, dejando al
PP como un partido poco democrático si intenta excluir
alguna opción y, sobre todo, separa este debate de las
cuestiones identitarias que tantas veces se han
utilizado como pretexto para impedirnos avanzar en la
autonomía valenciana.
No es, pues, un éxito despreciable el conseguido por
Joan Ignasi Pla en esta actuación. Seguir criticándola
sólo presta un servicio: que el PP se sienta cómodo en
su posición de negarse al cambio porque piensa que el
Partido Socialista es quien paga el coste de su
negativa.
Con esta reforma estatutaria hemos iniciado un proceso
necesario que habrá de concluir con una mejora en la
financiación, y en este punto la Generalitat tiene la
obligación (la necesidad) de convencer a todas las
comunidades autónomas, puesto que una y otra vez ha
reclamado que se trata de una cuestión multilateral y no
bilateral con el Estado. |
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JOAN LERMA BLASCO - PORTAVOZ
SOCIALISTA EN EL SENADO Y EX PRESIDENTE DE LA
GENERALITAT VALENCIANA
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