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Un secretario General que nos pida el voto
articulo publicado en el Mundo
La mayoría absoluta obtenida por el Partido Popular en las recientes Elecciones Generales, ha producido la inmediata dimisión del Secretario General y Candidato del PSOE. Es sin duda un gesto que como demócrata le honra. Inmediatamente ha asumido la responsabilidad. Pero ahí no ha terminado la cuestión. Si queremos que las cosas salgan bien en el futuro, si pretendemos de nuevo agrupar una mayoría de progreso que pueda gobernar mejor y mas justamente este país, tenemos que saber porque ha pasado. Porque, siendo importante la confianza que han depositado en el Partido Socialista (casi ocho millones de personas), en el Partido Popular han depositado mas. Sabiendo porque ha pasado nos será mas fácil acertar en la solución.
Debe quedar claro que no se trata de ajustar cuentas, aunque algunos comportamientos no puedan repetirse, sino de aprender de los errores, sin excluir que el contrincante (llámese Gobierno) también juega y pueda acertar.
Para resumir en muy pocas palabras, recurrir a la herencia recibida internamente, como ha hecho el PP en estos años sería erróneo. El resultado pienso que se ha gestado en la época actual. Hablar de "refundar" el Partido, probablemente sería otro error.
El Partido Socialista a mi modo de ver, ha carecido de una dirección que diera seguridad al elector. Hablando pues de futuro no necesitamos "refundación" sino "dirección". Porque como faltos de dirección se han percibido los debates habidos:
Las Elecciones Europeas tuvieron en el lino su principal elemento de debate. Y no es que no fuera un tema a debatir, que lo es y mucho. Pero no fue este un debate impulsado desde la Dirección como tampoco lo fueron el de las pensiones no contributivas ni el debate sobre el federalismo, aunque al final fueran todos asumidos e impulsados por la Dirección.
La crisis generada tras las elecciones primarias y la producida posteriormente con la dimisión del candidato a la presidencia del Gobierno, resuelta a través de negociaciones de dirigentes regionales, han contribuido activamente a reforzar la sensación de falta de dirección. El acuerdo de ultima hora con Izquierda Unida, no mejoró precisamente esa sensación.
Sin duda había motivos que explican esa sensación: el enfrentamiento de dos legitimidades democráticas diferentes tras las elecciones primarias, la del Secretario General y la del Candidato no contribuyó precisamente a mejorar la situación.
¿Cuál es la solución? Como ya se ha podido intuir, la solución es clara. Argumentos para hacer oposición los hay y muchos. El resultado electoral no cambia el hecho de la elevada concentración de Poder que se ha producido en estos años y sus riesgos, tanto desde el punto de vista democrático, como para la eficiencia económica y la competitividad como se encarga de demostrar mes tras mes nuestra inflación.
Hace falta credibilidad para hacer oposición. Hace falta Dirección.
La Dirección no puede ser la suma de componentes regionales aunque haya que tenerlas en cuenta, ni tampoco alguien que haya que ir a buscar. Tiene que ser la que arriesgue; la que tenga visión de futuro; la que de a los ciudadanos seguridad. La que profundice en las reglas de juego democráticas.
¡La que quiera pedirnos el voto! Y no la que nosotros vayamos a buscar
Joan Lerma