CONFERENCIA PRONUNCIADA EL 10 DE NOVIEMBRE  DE 2003 CON MOTIVO DEL CENTENARIO DE LA FEDERACIÓN METAL Y CONSTRUCCIÓN DE LA UGT

Llevamos ya ocho años de gobierno conservador, que junto con la etapa socialista del ochenta y dos al noventa y seis, nos dan una experiencia mas que suficiente para poder tener una conciencia critica de que conviene hacer a los trabajadores en el futuro porque lo primero que hay que decir en este año de conmemoraciones (constitución, estatutos de autonomía, centenario del sindicato) es que los sindicatos no son un factor irrelevante en las políticas que se hacen. No lo han sido en el pasado para la consecución de mayorías estables de gobierno y tampoco lo van a ser en el futuro.

Las políticas se pueden hacer con los sindicatos o contra los sindicatos; pero quienes piensan que los sindicatos solo limitan su papel a conseguir mejoras salariales o de condiciones laborales para los trabajadores, están profundamente equivocados. Porque solo los acuerdos sociales estables, en determinadas circunstancias, permiten hacer políticas que conduzcan al pleno empleo ( si es que se puede hablar de ello) y hacen posibles mayorías progresistas que no se pongan en riesgo ni por políticas fiscales agresivas, ni por el crecimiento incontrolado de la inflación.

Si combinamos políticas expansivas de crecimiento que vayan hacia la consecución del pleno empleo, junto con fuertes reivindicaciones sindicales, el resultado esta casi garantizado: los niveles de empleo se resentirán; Habrá mas empleo temporal y más problemas para los trabajadores menos especializados. Y habrán también políticas de estabilidad presupuestaria que pondrán en riesgo nuestro bienestar. No crecerá suficientemente ni el capital físico ni el capital humano necesario para garantizar un adecuado crecimiento de la productividad y estaremos arriesgando nuestro estado de bienestar, que permanentemente se vera atacado con el pretexto de seguir manteniendo nuestra competitividad.

Esta política ya nos ha llevado, dado el modelo de crecimiento que hemos seguido, a tener un tercio del total de trabajadores con empleo temporal. Estos no han disminuido a pesar de los acuerdos por la estabilidad en el empleo, que es verdad que transformaron muchos contratos temporales en estables a cambio de generosas subvenciones (innecesarias en una etapa de fuerte crecimiento) y a cambio también de una rebaja sustancial en el coste del despido. A `pesar de todo ello, casi el 90% de los nuevos contratos laborales siguen siendo temporales.

Como no quisiera abusar ni de la tribuna que tan generosamente se me ha ofrecido, diciéndole a los sindicatos cual seria su papel ni tampoco del tiempo, entere los nuevos retos sociales me gustaría centrarme muy brevemente en el que supone sobre la economía española el reto de la ampliación europea, ya decidida y en marcha, y no sobre la competencia China que es lo que mas parece preocupar a nuestros empresarios y sobre lo que bien poco podemos hacer. Si podemos en cambio hacer muchas cosas, las empresas, los trabajadores y la política para que la ampliación europea nos salga bien. Pero esto ya exige pasar de las reclamaciones a la administración, a hacer cambios en nuestras actuales políticas publicas y privadas.

Sobre todo como mencionaba anteriormente, políticas que incrementen nuestra productividad. Para ello serán necesario aumentar nuestro gasto educativo y de formación y nuestra política de investigación, desarrollo e innovación, que por dos veces no se ha cumplido lo previsto y sobre la que el nuevo ministro de Ciencia y Tecnología nos anuncia un recorte de expectativas. También podemos hacer una política de mejora de infraestructuras que no se puede detener sino queremos perder nuestras ventajas competitivas. Joseph Stiglitz, premio novel de economía y asesor de Clinton denunciaba esa carencia en su nuevo libro como responsable de la situación actual de los Estados Unidos por haber recortado inversiones para ajustar el déficit. Y sin duda a nosotros que no ocupamos una posición central en Europa y que tenemos pocas ventajas competitivas que no sean las salariales, puede sernos muy negativo.

De los diez países que se van a incorporar ahora mas los dos que lo harán posteriormente (excepto Chipre y Malta con poblaciones muy reducidas) todos ellos corresponden al este y centro de Europa y son economías todavía en transición. En su conjunto representan alrededor de 105 millones de habitantes, el 28 por ciento de la población comunitaria con un PIB que es el 12 por ciento de la Unión Europea y una renta per capita en paridad adquisitiva de alrededor del 34 por ciento de la media de la Unión. En general crecen a ritmos elevados, disponen de una mano de obra cualificada y su incorporación a la Unión Europea los hace especialmente atractivos para la inversión exterior directa, tal y como ocurrió con España en el momento de su entrada.

 

 

En primer lugar su incorporación supondrá que España quedara en el 94% de la media de renta de la Unión europea de 27 países, y por tanto solo tres comunidades autónomas Andalucía, Extremadura y Galicia quedaran por debajo del 75% de renta necesario para recibir los fondos estructurales del objetivo numero uno, que sin duda se mantendrán hasta el año 2006. De 2007 a 2013 el nuevo escenario presupuestario y por tanto los recursos que nos corresponderían todavía hay que pelearlo y para ello, no parece la mejor posición el enfrentamiento español con los países que forman el núcleo comunitario Francia Bélgica y Alemania, con nuestro alineamiento exterior con la política conservadora norteamericana.

Dados los limites presupuestarios de la Unión Europea ( 1,27% o el 1,12% del PIB comunitario para recursos y pagos) es de esperar que lo que representan las ayudas, algo mas de un punto de PIB de nuestro crecimiento se vea afectada.

En segundo lugar se verán afectados nuestros intercambios comerciales que hasta ahora vienen a ser muy pocos con estos países. Relativamente dentro de la Unión tenemos una presencia muy escasa en relación con sus vecinos más cercanos: Alemania que es el mayor representaba en 1999 el 24,8% de las exportaciones a estos países del este y centroeuropa y el 32,6% de las importaciones, España, en cambio representaba el 1,8% de las exportaciones y el 1,4% de las importaciones. Aunque la ampliación dará lugar a un mayor comercio interindustrial no parece que nos vaya a beneficiar especialmente puesto que “con el paso del tiempo la estructura de ventajas y desventajas comparativas de España y los nuevos países se ha ido haciendo semejante. Esto sugiere que la ampliación puede afectar a las exportaciones españolas a los actuales países de la Unión Europea”. (Carmela Martín y otros. La Caixa)

Por otra parte los flujos directos de inversión extranjera, que en España han sufrido un cierto estancamiento y que son los responsables de la rápida evolución de las ventajas comparativas, han aumentado rápidamente en estos países hasta alcanzar cotas en algunos de ellos muy superiores a las españolas.

Finalmente, la proximidad a los países centrales europeos que ya he mencionado, junto con unos costes laborales que de media suponían el 16% de la economía española con una nivel de formación equiparable, aunque su productividad todavía sea menor que la nuestra (crecen a 2-3 acumulativo mientras nosotros lo hacemos a 0,75) sitúan la realidad donde está: En la necesidad de tomar posiciones respecto a la inversión española en estos países y en la necesidad de establecer acuerdos a largo plazo con los sindicatos que hagan posible una mayoría de progreso para garantizar la mejora del capita humano y del capital físico, en particular en comunicaciones y transportes, necesarios para mantener e incrementar nuestra competitividad y por tanto los niveles de progreso y bienestar en los próximos años.

 

Joan Lerma