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| Fase: Celebración. |
El señor LERMA BLASCO: Muchas gracias, señor
presidente. Y cambio también en l os contenidos, porque es evidente que nos encontramos con múltiples demandas insatisfechas: desde la seguridad de los servicios públicos, pasando por nuestra capacidad de competir en mercados cada vez más difíciles y complejos, o la alta precariedad laboral y la dificultad para los jóvenes de acceder a una vivienda digna a un precio razonable, demandas que, sin duda, van a requerir un considerable esfuerzo para satisfacerlas, y sobre todo para cambiar las condiciones existentes que las producen. Un esfuerzo al que se ha aplicado el Gobierno desde el primer momento y que, desde luego, va a contar con el pleno apoyo y aliento del Grupo Parlamentario Socialista. Apenas llevamos unos días de Gobierno. Hay que recordar
—porque casi parece ya otra cosa— que la investidura
se produjo el pasado 16 de abril y, sin falsos triunfalismos,
ya podemos dar cuenta de algunos de esos cambios.
A pesar de que hasta el momento, y hasta la presentación
de los próximos Presupuestos Generales del Estado,
muchos de ellos serán fundamentalmente de carácter cualitativo
—pero no por ello menos importantes—, sin ninguna
duda, y a través de ellos, vamos a elevar la calidad de
nuestra democracia y también vamos a satisfacer el deseo
de cambio expresado en las urnas.
En primer lugar, quisiera destacar entre los éxitos o
cumplimientos evidentes que éste es un Gobierno que respeta
la igualdad entre hombres y mujeres en su composición;
es posible que a algunos no les parezca importante o
que lo califiquen como anecdótico, sin embargo, es clara la
expresión tanto de la voluntad del presidente del Gobierno
de situar a las mujeres en el papel que les corresponde en
la sociedad como de su leal y puntual cumplimiento de las
promesas que le vincularon con la mayoría de españoles
durante la campaña electoral.
No dejaré tampoco de citar y destacar entre los cambios
producidos el regreso de nuestras tropas de Iraq, no sólo porque supone otro efectivo y rápido cumplimiento de una
promesa electoral sino, sobre todo, porque es la rectificación
de un error que nunca debía haberse producido y que
en nada contribuía a la política de paz y seguridad, sino
más bien todo lo contrario, como los acontecimientos cotidianos
—por desgracia— así nos lo confirman con trágica
persistencia. No cabe duda de que se han producido cambios y, desde mi punto de vista, también éxitos importantes en la política exterior, con una aproximación clara al núcleo de la construcción europea y a nuestros vecinos tradicionales, con los que hay que trabajar.
Quiero centrarme ahora en lo que a esta Cámara atañe más directamente, y es que el presidente del Gobierno se A su vez, será en este Senado que aspiramos a reformar
donde el Estado encontrará ese instrumento vital de integración,
de todos y por todos, que sería la deseable culminación
institucional —repito, la deseable culminación institucional—
de nuestro sistema autonómico. Señorías, como algún ilustre jurista ya ha señalado
acertadamente, el desarrollo autonómico no puede medirse
exclusivamente en términos de gasto público ni de niveles
de competencia transferidos; tampoco la vitalidad de un
Gobierno autonómico se comprueba únicamente a través
de una permanente actitud reivindicativa ante el Gobierno
central de una constante reclamación de más autogobierno. Como decía, las comunidades autónomas deben comprometerse en la vida del Estado, y deben y necesitan que su voz se oiga en la configuración de lo común, aquí y en Europa, en todos los ámbitos en los que ejercen su acción de Gobierno, sus propias competencias. Algunos son un poco escépticos respecto a esta posibilidad, pero quiero manifestar en esta Cámara, en nombre del Grupo Parlamentario Socialista, que la presencia hoy del presidente del Gobierno para comparecer a petición propia debería despejar todas las dudas. Hay que remontarse, como se han encargado ya de decir otros muchos portavoces, a 1997 para encontrar la última comparecencia de un presidente del Gobierno en esta Cámara, y ello para cumplir con una obligación parlamentaria en una comisión creada específicamente para ello en 1994: la obligación del debate con las comunidades autónomas que, como ustedes recuerdan perfectamente porque han tenido ocasión de oírlo en todos los períodos de sesiones parlamentarios, nuestro Reglamento pide y no hemos vuelto a repetir. La presencia del presidente del Gobierno en la primera sesión del Pleno en esta nueva legislatura es un acontecimiento que no se producía desde hace 18 años, con el Gobierno de Felipe González en 1986 ante un Pleno similar en esta Cámara, y es esa presencia en sí misma fiel expresión de la importancia que le ha concedido el Gobierno a nuestra Institución, tanto desde el punto de vista de la política general, puesto que en nuestra opinión el nuevo Senado tiene que seguir siendo una Cámara parlamentaria, como desde el punto de vista del debate territorial, tan deteriorado en los últimos tiempos por falta de diálogo entre las comunidades autónomas y la Administración central. Aunque no quepa atribuir en exclusiva el deterioro producido en las relaciones comunidades autónomas-Gobierno únicamente a la falta de celebración de este debate, que por cierto el presidente del Gobierno se ha comprometido a recuperar, no cabe duda que la continuidad de ese debate podría haber aportado importantes soluciones y también, y sobre todo, evitado innecesarias y costosas —en términos de convivencia y de calidad democrática— tensiones territoriales entre Gobierno y comunidades. Señorías, somos o deberíamos ser conscientes de que el tiempo de las reformas reglamentarias se ha agotado en esta Cámara para conseguir su transformación efectiva. Al margen de cuantas reformas reglamentarias quepa introducir para conseguir un mecanismo parlamentario más ágil, más dinámico, más efectivo, no puede el Senado configurarse territorialmente, de acuerdo con el artículo 69 de la Constitución, si no es precisamente con la reforma, y con esa reforma tenemos que pechar. En esta reforma el impulso viene, sin duda, desde el Gobierno, y por eso el presidente se ha comprometido a solicitar un informe al Consejo de Estado —un Consejo de Estado asimismo reformado para incluir a todos los ex presidentes del Gobierno para que puedan aportar su valiosa experiencia en estos temas—, que sirva de base para la reforma constitucional, una reforma que debería ser apoyada por todos, por amplias mayorías si es posible, y de la que todos debemos ser protagonistas. Por ello pensamos que el Senado puede ser un marco idóneo para este debate, para la necesaria búsqueda de la aproximación de posiciones y el logro de un consenso sin exclusiones y sin protagonismos. Nuestra propuesta de reforma, que ya es conocida, se centra en que el Senado siga siendo una Cámara parlamentaria, pero con un cambio en el sistema de elección de senadores para hacerla coincidir con las elecciones en las comunidades autónomas fundamentalmente y, por tanto, con un Senado cuya disolución no determine el presidente del Gobierno; un Senado que será, pues, más representativo de la voluntad autonómica y que será, a su vez, Cámara permanente, símbolo de la permanencia del Estado autonómico. Pretendemos que este nuevo Senado sea Cámara de primera lectura en un conjunto de leyes que se corresponden con cuestiones territoriales y que no es necesario ahora enumerar. Aspiramos también a que este Senado reformado sea residencia del Consejo de Política Fiscal y Financiera. Hoy acabamos de oír por boca del presidente que las instituciones locales recaban también un papel importante en el Senado. Quiero recoger la aportación del presidente y añadir que en eso ya hemos tenido un avance importante porque hemos pasado de una comisión de los entes locales no legislativa a una comisión legislativa, en esta modificación que mañana vamos a aprobar. No obstante, nos parece una excelente idea recoger las demandas de los entes locales y que pueda discutirse aquí su informe anual. Es, pues, una sugerencia que el Grupo Parlamentario Socialista acepta encantado y que tratará de hacer efectiva con sus correspondientes reformas reglamentarias si fuera necesario y es, desde luego, una idea que puede contribuir también a que el mundo local se sienta integrado y tenga un interlocutor permanente en esta Cámara que sea capaz de aportar mejores y más efectivas soluciones para los problemas de los ciudadanos. Quiero decir, para terminar, que la nuestra es una propuesta de reforma de un ámbito territorial que será absolutamente respetuosa con todo el modelo integrado también por los distintos órganos de cooperación multilateral, sean sectoriales o no, entre el Gobierno y las comunidades autónomas. Y quiero recoger también la opinión del presidente al respecto de que eso no excluye tampoco ninguna relación bilateral. Se abre ante nosotros, señorías, una nueva legislatura
con unas perspectivas para esta Cámara que no dudo en calificar de apasionantes. Hace unos años, en 1998, existía
un consenso básico en esta Cámara para hacer una reforma
constitucional del Senado, algo que se fue gestando a lo
largo de años de discusión y de búsqueda de consenso.
Sobre ese consenso básico obtenido ya y que quedó al
albur de cómo se iban a integrar los hechos diferenciales
en la reforma del Senado, quiero construir, intentar seguir
adelante sin mirar al pasado y creo que, señorías, debemos
todos animarnos a empezar ya a construir ese consenso. Naturalmente yo les ofrezco en tal sentido toda nuestra
sincera y leal colaboración para, en la presente legislatura,
hacer posible que, por fin, el Senado refleje las aspiraciones
de cambio de la sociedad y se transforme en una Cámara
parlamentaria, en una Cámara de representación territorial y en una Cámara que recoja los anhelos de la sociedad
española. |