BOLETIN OFICIAL DE LAS CORTES GENERALES
SENADO

Año 2004 VIII Legislatura
Núm. 2
PRESIDENCIA DEL EXCMO. SR. D. FRANCISCO JAVIER ROJO GARCIA
Sesión del Pleno
celebrada el martes,
11 de mayo de 2004
 




Presentación del Gobierno.
 

 

 



Presentación del Gobierno
Presentación del Gobierno por parte de su Presidente, D. José Luis Rodríguez Zapatero.
Fase: Celebración.      
DS número 2 de Pleno del 11/05/2004, pag: 31
 

 

 

El señor LERMA BLASCO: Muchas gracias, señor presidente.
Señor presidente del Gobierno, señores ministros, señoras y señores senadores, ya hemos podido comprobar que a nadie ha dejado indiferente la comparecencia del presidente del Gobierno, que naturalmente todos —y yo creo que especialmente la sociedad— le agradecemos. Además  quiero dirigirme, en nombre del Grupo Parlamentario Socialista de esta Cámara y también en nombre de ciudadanos de todas las comunidades autónomas españolas, a todas sus señorías comenzando mi intervención en este primer  Pleno ordinario de la Cámara con un recuerdo emocionado hacia todas las víctimas de la barbarie del 11 de Marzo; quiero hacerlo para las víctimas, para sus familias,  para sus amigos y para todos nosotros, porque hay que reiterar que todos hemos sentido en carne propia su tragedia,  también cuentan con nuestro afecto y solidaridad entre la de todos los españoles; españoles y españolas que, en  virtud de su voluntad libremente expresada en las urnas cuentan ahora con una nueva mayoría de gobierno, la del Partido Socialista, que, a tenor de los resultados obtenidos  ha sabido recoger los deseos de cambio de nuestra sociedad cambio en las formas, buscando gobernar con transparencia  y veracidad, y ofreciendo acuerdos que hagan  nuestras normas más estables porque se correspondan y  adecuen a la voluntad común, reflejada por amplias mayorías de opinión en nuestra sociedad.

Y cambio también en l os contenidos, porque es evidente que nos encontramos con múltiples demandas insatisfechas: desde la seguridad  de  los servicios públicos, pasando por nuestra capacidad de competir en mercados cada vez más difíciles y complejos, o la alta precariedad laboral y la dificultad para los jóvenes de acceder a una vivienda digna a un precio razonable, demandas que, sin duda, van a requerir un considerable esfuerzo para satisfacerlas, y sobre todo para cambiar las  condiciones existentes que las producen. Un esfuerzo al que se ha aplicado el Gobierno desde el primer momento y que, desde luego, va a contar con el pleno apoyo y aliento del Grupo Parlamentario Socialista. 

Apenas llevamos unos días de Gobierno. Hay que recordar  —porque casi parece ya otra cosa— que la investidura    se produjo el pasado 16 de abril y, sin falsos triunfalismos, ya podemos dar cuenta de algunos de esos cambios. A pesar de que hasta el momento, y hasta la presentación de los próximos Presupuestos Generales del Estado, muchos de ellos serán fundamentalmente de carácter cualitativo —pero no por ello menos importantes—, sin ninguna duda, y a través de ellos, vamos a elevar la calidad de nuestra democracia y también vamos a satisfacer el deseo de cambio expresado en las urnas.

En primer lugar, quisiera destacar entre los éxitos o cumplimientos evidentes que éste es un Gobierno que respeta la igualdad entre hombres y mujeres en su composición; es posible que a algunos no les parezca importante o que lo califiquen como anecdótico, sin embargo, es clara la expresión tanto de la voluntad del presidente del Gobierno de situar a las mujeres en el papel que les corresponde en la sociedad como de su leal y puntual cumplimiento de las promesas que le vincularon con la mayoría de españoles durante la campaña electoral. No dejaré tampoco de citar y destacar entre los cambios producidos el regreso de nuestras tropas de Iraq, no sólo porque supone otro efectivo y rápido cumplimiento de una promesa electoral sino, sobre todo, porque es la rectificación de un error que nunca debía haberse producido y que en nada contribuía a la política de paz y seguridad, sino más bien todo lo contrario, como los acontecimientos cotidianos —por desgracia— así nos lo confirman con trágica persistencia.

No cabe duda de que se han producido cambios y, desde mi punto de vista, también éxitos importantes en la política exterior, con una aproximación clara al núcleo de la construcción europea y a nuestros vecinos tradicionales, con los que hay que trabajar.

Quiero centrarme ahora en lo que a esta Cámara atañe más directamente, y es que el presidente del Gobierno se
comprometió a una nueva relación con las comunidades autónomas que estuviera presidida por el diálogo y la cooperación y, en ese marco, propiciar una reforma del Senado que hiciera de él un lugar donde las autonomías se sintieran representadas, donde pudieran dialogar entre ellas y con el Gobierno, y donde se involucrasen en la formación de la voluntad común en la vida diaria del Estado.

A su vez, será en este Senado que aspiramos a reformar donde el Estado encontrará ese instrumento vital de integración, de todos y por todos, que sería la deseable culminación institucional —repito, la deseable culminación institucional— de nuestro sistema autonómico. Señorías, como algún ilustre jurista ya ha señalado acertadamente, el desarrollo autonómico no puede medirse exclusivamente en términos de gasto público ni de niveles de competencia transferidos; tampoco la vitalidad de un Gobierno autonómico se comprueba únicamente a través de una permanente actitud reivindicativa ante el Gobierno central de una constante reclamación de más autogobierno.
Las comunidades autónomas son Estado y, al tiempo que lo proclaman y manifiestan —con toda la razón por su
parte—, deben ser también consecuentes con ello: deben actuar como partes integrantes de ese Estado compuesto, complejo y plural que es España; un Estado que empezamos a construir en su concepción moderna en 1978 con nuestra Constitución y que necesita, hoy más que nunca, ese necesario sistema, ese instrumento de integración al cual me referí y que sólo puede ser este Senado en su plena dimensión constitucional de Cámara territorial. 

Como decía, las comunidades autónomas deben comprometerse en la vida del Estado, y deben y necesitan que su voz se oiga en la configuración de lo común, aquí y en Europa, en todos los ámbitos en los que ejercen su acción de Gobierno, sus propias competencias. Algunos son un   poco escépticos respecto a esta posibilidad, pero quiero  manifestar en esta Cámara, en nombre del Grupo Parlamentario  Socialista, que la presencia hoy del presidente del Gobierno para comparecer a petición propia debería despejar todas las dudas. Hay que remontarse, como se han encargado ya de decir otros muchos portavoces, a 1997 para encontrar la última comparecencia de un presidente del Gobierno en esta Cámara, y ello para cumplir con una obligación parlamentaria en una comisión creada específicamente para ello en 1994: la obligación del debate con las comunidades autónomas que, como ustedes recuerdan perfectamente porque han tenido ocasión de oírlo en todos los períodos de sesiones parlamentarios, nuestro Reglamento pide y no hemos vuelto a repetir.

La presencia del presidente del Gobierno en la primera sesión del Pleno en esta nueva legislatura es un acontecimiento que no se producía desde hace 18 años, con el Gobierno de Felipe González en 1986 ante un Pleno similar en esta Cámara, y es esa presencia en sí misma fiel expresión de la importancia que le ha concedido el Gobierno a nuestra Institución, tanto desde el punto de vista de la política general, puesto que en nuestra opinión el nuevo Senado tiene que seguir siendo una Cámara parlamentaria, como desde el punto de vista del debate territorial, tan deteriorado en los últimos tiempos por falta de diálogo entre las comunidades autónomas y la Administración central.

Aunque no quepa atribuir en exclusiva el deterioro producido en las relaciones comunidades autónomas-Gobierno  únicamente a la falta de celebración de este debate, que por cierto el presidente del Gobierno se ha comprometido a recuperar, no cabe duda que la continuidad de ese debate podría haber aportado importantes soluciones y también, y sobre todo, evitado innecesarias y costosas —en términos de convivencia y de calidad democrática— tensiones territoriales entre Gobierno y comunidades.

Señorías, somos o deberíamos ser conscientes de que el tiempo de las reformas reglamentarias se ha agotado en esta Cámara para conseguir su transformación efectiva. Al margen de cuantas reformas reglamentarias quepa introducir para conseguir un mecanismo parlamentario más ágil, más dinámico, más efectivo, no puede el Senado configurarse territorialmente, de acuerdo con el artículo 69 de la Constitución, si no es precisamente con la reforma, y con esa reforma tenemos que pechar. En esta reforma el impulso viene, sin duda, desde el Gobierno, y por eso el presidente se ha comprometido a solicitar un informe al Consejo de Estado —un Consejo de Estado asimismo reformado para incluir a todos los ex presidentes del Gobierno para que puedan aportar su valiosa experiencia en estos temas—, que sirva de base para la reforma constitucional, una reforma que debería ser apoyada por todos, por amplias mayorías si es posible, y de la que todos debemos ser  protagonistas. 

Por ello pensamos que el Senado puede ser un marco idóneo para este debate, para la necesaria búsqueda de la aproximación de posiciones y el logro de un consenso sin exclusiones y sin protagonismos. Nuestra propuesta de reforma, que ya es conocida, se centra en que el Senado siga siendo una Cámara parlamentaria, pero con un cambio en el sistema de elección de senadores para hacerla coincidir con las elecciones en las comunidades autónomas fundamentalmente y, por tanto, con un Senado cuya disolución no determine el presidente del Gobierno; un Senado que será, pues, más representativo de la voluntad autonómica y que será, a su vez, Cámara permanente, símbolo de la permanencia del Estado autonómico. Pretendemos que este nuevo Senado sea Cámara de primera lectura en un conjunto de leyes que se corresponden con cuestiones territoriales y que no es necesario ahora enumerar. Aspiramos también a que este Senado reformado sea residencia del Consejo de Política Fiscal y Financiera.

Hoy acabamos de oír por boca del presidente que las instituciones locales recaban también un papel importante en el Senado. Quiero recoger la aportación del presidente y añadir que en eso ya hemos tenido un avance importante porque hemos pasado de una comisión de los entes locales no legislativa a una comisión legislativa, en esta modificación que mañana vamos a aprobar. No obstante, nos parece una excelente idea recoger las demandas de los entes locales y que pueda discutirse aquí su informe anual. Es, pues, una sugerencia que el Grupo Parlamentario Socialista acepta encantado y que tratará de hacer efectiva con sus correspondientes reformas reglamentarias si fuera necesario y es, desde luego, una idea que puede contribuir también  a que el mundo local se sienta integrado y tenga un interlocutor permanente en esta Cámara que sea capaz de aportar mejores y más efectivas soluciones para los problemas de los ciudadanos.

Quiero decir, para terminar, que la nuestra es una propuesta de reforma de un ámbito territorial que será absolutamente respetuosa con todo el modelo integrado también por los distintos órganos de cooperación multilateral, sean sectoriales o no, entre el Gobierno y las comunidades autónomas. Y quiero recoger también la opinión del presidente al respecto de que eso no excluye tampoco ninguna relación bilateral.

Se abre ante nosotros, señorías, una nueva legislatura con unas perspectivas para esta Cámara que no dudo en calificar de apasionantes. Hace unos años, en 1998, existía un consenso básico en esta Cámara para hacer una reforma constitucional del Senado, algo que se fue gestando a lo largo de años de discusión y de búsqueda de consenso. Sobre ese consenso básico obtenido ya y que quedó al albur de cómo se iban a integrar los hechos diferenciales en la reforma del Senado, quiero construir, intentar seguir adelante sin mirar al pasado y creo que, señorías, debemos todos animarnos a empezar ya a construir ese consenso. Naturalmente yo les ofrezco en tal sentido toda nuestra  sincera y leal colaboración para, en la presente legislatura, hacer posible que, por fin, el Senado refleje las aspiraciones de cambio de la sociedad y se transforme en una Cámara parlamentaria, en una Cámara de representación territorial y en una Cámara que recoja los anhelos de la sociedad española.
Nada más y muchas gracias. (Aplausos.)
El señor PRESIDENTE: Gracias, senador Lerma.