CORTES GENERALES
DIARIO DE SESIONES DEL
SENADO

Año 2005 VIII Legislatura
Núm. 40
PRESIDENCIA DEL EXCMO. SR. D. FRANCISCO JAVIER ROJO GARCÍA
Sesión del Pleno
celebrada el miércoles,
18 de mayo de 2005
 

Proyecto de Ley Orgánica por la que se autoriza la ratificación por España del Tratado por el que se establece una Constitución para Europa, firmado en Roma el 29 de octubre de 2004. SE TRAMITA POR EL PROCEDIMIENTO DE URGENCIA. (Publicado en el «Boletín Oficial de las Cortes Generales», Senado, Serie II, número 18, de fecha 6 de mayo de 2005). (Número de expediente S. 621/000018) (Número de expediente C. D. 121/000033).


Felicitación al senador excelentísimo señor don Juan José Laborda Martín por su reincorporación a la Cámara. (Número de expediente 550/000018

 

 

El señor LERMA BLASCO: Muchas gracias, señor presidente.
Quiero empezar, como todos ustedes, por supuesto, dando la bienvenida a Juan José Laborda y decirle que en el Grupo Socialista siempre nos hemos sentido acompañados por su presencia, de manera que su escaño ha estado siempre lleno entre nosotros. Muchas gracias, Juanjo.
Vamos a aprobar, a dar el sí al Tratado de la Constitución europea. Y no siempre empezamos de forma correcta, porque habitualmente estamos insistiendo, quizá demasiado, en lo que han sido nuestras aportaciones a esa Unión y posiblemente no insistimos en el proyecto colectivo que representa, que es lo que seguramente traería más atención para los ciudadanos. Más que reconocernos nuestros propios méritos, probablemente deberíamos pensar en qué supone para los ciudadanos europeos esta Constitución y esta Europa.
Y vamos a dar el sí al tratado por el que se establece una Constitución Europea después de que el Congreso lo haya aprobado por inmensa mayoría y de que los ciudadanos y ciudadanas españoles lo hayan ratificado también por amplia mayoría, dotándolo así de una superior legitimidad democrática.
Debemos al presidente del Gobierno la iniciativa de haber convocado un referéndum para la ratificación y a los grupos parlamentarios su consentimiento para hacerlo posible. Es justo, pues, que lo reconozcamos, así como también que celebremos el hecho de haber manifestado previamente el Gobierno su voluntad de sentirse políticamente obligado por el resultado, aunque se tratara de un referéndum consultivo. La mejor forma de superar los recelos sobre el déficit democrático de la Unión, del que tantas veces se ha hablado, es precisamente pedir la opinión a sus ciudadanos, solicitar, fomentar y conseguir su participación activa en el proceso de ratificación.
Y hablando precisamente de ratificación, ¿qué es lo que ratificamos? ¿Para qué estamos pidiendo el voto favorable

esta tarde? ¿Para un tratado internacional o para una constitución? Se ha discutido mucho, pero desde el punto de vista del Derecho, por la forma de adopción, ratificación y, en su caso, de la revisión prevista, es, sin duda, un tratado internacional. Pero es un tratado internacional con efectos claramente constituyentes. Es, pues, claramente, una constitución de una nueva forma de unión política. Por la personalidad jurídica que se le concede a la Unión, pero también por el modelo político, los valores y los objetivos, la Carta de derechos fundamentales, la primacía del Derecho comunitario, estamos haciendo referencia claramente a una constitución.
Y es precisamente esta nueva forma de unión política la que retoma los valores iniciales de la creación de la Unión, aquella que empezó gestionando en común el carbón y el acero y luego la energía nuclear naciente, que eran los instrumentos tradicionales de las guerras, para construir una Europa en paz duradera, como nunca había conocido a lo largo de su historia.
El bienestar de una Europa devastada por la guerra, la imperiosa necesidad de hacer alimentos llevó a Europa a una política agraria común, que tuvo tal éxito que pronto nos transformamos en una productora de excedentes, que, sin duda, hubo que reformar. Y a medida que surgían los nuevos problemas, como por ejemplo los medioambientales --de los que se empezó a hablar muy tempranamente-- o los de seguridad, se fueron poniendo políticas en común, cuyo éxito nos ha llevado sin duda a la actual ampliación, y por lo tanto a la necesidad de la reforma.
Nunca hubo exclusivamente un proyecto económico europeo; siempre ha habido un proyecto político para la paz, para la seguridad, para la solidaridad, para los ciudadanos, en definitiva. El proyecto económico europeo terminó en 1973, con el ingreso de Gran Bretaña en la Unión Europea. Allí terminaron los sueños de hacer una Europa solamente económica. Es importante el salto cualitativo que damos ahora; es muy importante: le vamos a poner cara a la Unión Europea. Vamos a tener un presidente del Consejo no rotatorio, sino por un período de tiempo suficiente; vamos a tener un ministro, o, más bien, un ministerio de Exteriores; vamos a tener unas políticas comunes que se han demostrado claramente necesarias en este proceso nuevo. La legitimación de esta nueva Europa viene ahora de los Estados, pero también de sus ciudadanos.
En este camino recorrido, seguramente con muchas críticas, han sido muy importantes las instituciones creadas por la Unión, y singularmente un Parlamento Europeo por sufragio universal, que nació prácticamente sin haberlo esperado, y que ha hecho sin duda que el impulso a los avances que hemos obtenido en este momento haya sido mucho menos limitado de lo que hubiéramos llegado a pensar. Por ello, al Parlamento Europeo y a todas las instituciones europeas que han tenido un funcionamiento en común que ha hecho ciudadanía europea, en definitiva, hay que reconocerles su aportación. Y hay que reconocer su aportación también a la Convención, si se me permite hablar de esa novedad política que, agrupando al Parlamento Europeo, a la Comisión, a los gobiernos y a los parlamentos nacionales, y consultando a las organizaciones sociales, y especialmente a sindicatos y empresarios, ha aportado eficacia y legitimidad al proceso constituyente. Me permitirán ahora que, en esta Cámara, singularice mi reconocimiento en una persona de la oposición: el senador don Alejandro Muñoz-Alonso, activo miembro de la Convención.
Para este nuevo mundo más interdependiente, surgido del fin de la política de bloques, para la paz, la seguridad, la solidaridad y el bienestar, hacía falta una voz europea potente que, a la vez, respetara la diversidad e hiciera compatible la ciudadanía europea con la pertenencia a Estado, comunidad o ciudad; en definitiva, con la diversidad. A esta doble necesidad de dar respuesta ha acudido la Constitución. Como también da respuesta esta Constitución a la igualdad entre hombres y mujeres o a la solidaridad. Por eso hemos pedido el sí a los ciudadanos y ciudadanas, y por eso lo pedimos también en esta Cámara, y lo seguiremos pidiendo hasta el final.
Ha habido tradicionalmente, en determinados sectores de la opinión pública española, poca convicción en la idea de Europa. Se trata de sectores especialmente conservadores, que se han resistido a la modernización de España, y que quizá hubieran deseado un resultado diferente en el referéndum de aprobación: quizá un sí más ajustado, o quizá incluso una mayor abstención, por razones que podríamos llamar de política interna y, desde luego, por poner freno al proceso de modernización.
Sin embargo, el comportamiento de los ciudadanos y ciudadanas españoles no ha dejado lugar a dudas, por mucho que se quiera forzar la interpretación: han apostado por vincular su proyecto de futuro a la Europa unida. Nuestro deseo es que compartamos todos el éxito del referéndum después de haber compartido el sí o incluso después de haber defendido el no, y que nadie se pueda sentir perdedor en este referéndum, porque el resultado no es sólo positivo para España o la Europa de los veinticinco, seguramente también va a influir en una realidad mucho mayor, en la de todos aquellos que esperan que el crecimiento esté al servicio de los ciudadanos y ofrezca a todos su propia oportunidad.
Por eso, confiamos y pedimos el sí a nuestros socios europeos y estamos convencidos de que este proceso acabará felizmente y de que en las fechas previstas entrará en vigor esta Constitución. Europa la necesita y el mundo, especialmente la parte más desfavorecida, más necesitada de este mundo desigual e injusto necesita una Europa fuerte, unida, cohesionada y solidaria; una Europa que siga siendo el principal agente de cooperación internacional y ayuda al desarrollo del mundo.
Señorías, es esta nuestra aspiración, es esta nuestra meta y por ello, con entusiasmo y esperanza, vamos a votar sí y solicitamos también un sí a toda la Cámara en esta ocasión.
Nada más y muchas gracias. (Aplausos.)
El señor PRESIDENTE: Gracias, señoría.
Tiene la palabra el presidente del Gobierno.