![]() Año 2006 VIII Legislatura
Núm. 107
|
| Por el Grupo Parlamentario Socialista tiene la palabra el senador Lerma. El señor LERMA BLASCO: Muchas gracias, señor presidente. Señoras y señores senadores, señores invitados del Parlamento de Andalucía, presidente de la Junta, presidenta del Parlamento y demás responsables institucionales, quiero empezar diciendo que, por extraño que les parezca a algunos, vamos a hablar del Estatuto de Andalucía y no del Estatuto vasco ni del Estatuto catalán, y no será necesario explicar por qué porque, obviamente parece que Andalucía, como cualquier comunidad española en particular, pero Andalucía en este caso, tiene más que suficiente entidad como para hacer que en este Senado hablemos de ella exclusivamente. No contestaré, por tanto, a algunas alusiones que algunos grupos nacionalistas han hecho respecto a sus estatutos respectivos más que hablar del Estatuto actual, y me parece, en cualquier caso, que tienen todo el derecho del mundo a plantearlo, pero no es esta la oportunidad, pienso yo. Esta es la oportunidad del Estatuto de Andalucía, y tengo que decir, además, que el Estatuto de Andalucía tiene una gestación muy especial que les separa de todos los otros estatutos, como casi todos los estatutos naturalmente, pero de este en particular no se puede decir que haya mirado al vecino ni haya mirado los intereses de los demás. Este es un Estatuto que tiene su gestación en el año 2001 y a propuesta del presidente Chaves, el presidente de la Junta, pensando por tanto en los intereses de los andaluces y en su capacidad para mejorar sus condiciones de vida y su capacidad de prosperar. Por tanto, es evidente que este es un Estatuto pensado desde, por y para Andalucía exclusivamente, aunque naturalmente todos estemos interrelacionados porque todos estamos sometidos —más diría yo tutelados— por la misma Constitución. Por lo tanto, cuando hablamos de competencia no podemos ser muy diferentes unos de otros porque estamos hablando del mismo marco constitucional. Pero, insisto, este es un Estatuto pensado desde antes de que hubiera un cambio de Gobierno en España y, por tanto, no un Estatuto sobrevenido pensando en lo que iban a hacer los demás, sino un Estatuto pensando en Andalucía, y pensando en Andalucía creo que hay que celebrar lo que hemos logrado conseguir, o, en especial y más concretamente, en lo que ha conseguido su presidente y con él todos los andaluces, porque este es un Estatuto, el cuarto Estatuto que vamos a ver —en el Senado el tercero—, pero es el primer Estatuto que ha logrado incrementar sus apoyos a lo largo de su tramitación parlamentaria. Y esto es verdad que siempre produce agradecimientos, y en especial a los que se han incorporado. Pero yo tengo que decir que el mérito fundamental —aunque, en definitiva, el beneficio sea para todos— es de aquellos que, teniendo una mayoríasuficiente para llevar adelante el Estatuto, han conseguido incorporar a los demás. Por ello, mi felicitación, cómo no, al presidente Chaves y a Izquierda Unida de Andalucía, que desde el principio han mantenido una mayoría que ha permitido impulsar el Estatuto de Autonomía. Y, naturalmente, cómo no, felicitar también al Partido Popular por su incorporación a esta mayoría, que es cierto que no ha sido gratuita, que ha supuesto modificaciones importantes en el Estatuto de Andalucía —muchas modificaciones importantes—, que quienes tenían mayoría suficiente para hacerlo les han aceptado porque han entendido que este es un Estatuto que va a durar, que es para todos los andaluces y no para una pequeña mayoría, por más o menos amplia que pueda ser. Por tanto, mi felicitación también al Partido Popular, en particular, a sus ponentes en el Congreso y, por supuesto, al presidente o secretario general, Javier Arenas, que ha dado una batalla importante dentro de su propio partido por hacer posible su incorporación. Me gustaría también felicitar en este caso a Soraya Sáenz de Santamaría, que ha hecho un buen trabajo en la Ponencia del Congreso; a los responsables de Izquierda Unida, concretamente al señor Llamazares, y muy especialmente quisiera hacer una mención especial y singular de cariño, afecto y de reconocimiento a Alfonso Perales, que ha hecho un gran trabajo desde el Partido Socialista por hacer posible este consenso que finalmente se ha conseguido. Pero no todo van a ser felicitaciones, aunque yo creo que en este caso las merece. Creo que está bastante claro políticamente que, después de la aprobación de este Estatuto de Autonomía —lo ha señalado reiteradamente el Partido Popular y lo habíamos manifestado anteriormente todos los otros grupos políticos— no cambia en absoluto el modelo constitucional. El modelo constitucional simplemente permitía la ampliación de competencias que el Estatuto de Autonomía de Andalucía ha conseguido y que probablemente algunos otros estatutos también conseguirán. En cualquier caso, el llegar hasta el final en el proceso de ampliación de competencias de la Constitución del año 1978 no modifica para nada el modelo de Estado y, por supuesto, no solo no supone ningún riesgo para la unidad — no quiero referirme a ninguna última declaración— sino que, por el contrario, supone el reforzamiento de la cohesión y de la solidaridad entre toda España, porque este proceso de singularización significa la posibilidad de que todos nos sintamos más a gusto y más integrados con la actual Constitución. Considero que Andalucía ha conseguido sobre todo dos cosas fundamentales: la primera, profundizar en su autogobierno —con muchas materias que ahora no será necesario detallar, pero que enunciaré brevemente— y, la segunda, muy importante, ha conseguido mejorar también las bases de su financiación. Si el anterior estatuto supuso un impulso de modernización muy importante desde el Gobierno andaluz de tal manera que hemos conseguido durante los últimos tres años consecutivamente superar el 75 por ciento de la renta europea, que era lo que justificaba en muchas ocasiones las necesidades de ayudas, lo cierto es que el éxito que hemos conseguido en muchas partes deEspaña, pero sustancialmente en Andalucía, creo que se puede describir perfectamente al haber pasado, en realidad en muy pocos años, de ser un país donde las personas se llamaban emigrantes a llamarse fundamentalmente inmigrantes. Eso define bastante bien el cambio económico y social que ha sufrido Andalucía, y por lo cual hemos de estar muy satisfechos. Creo que eso ha sido posible por la autoestima que supuso en su día la aprobación, el 28 de febrero, de su Estatuto de Autonomía y el gran impulso de los gobiernos posteriores. Andalucía ha mejorado, además, en este nuevo Estatuto su capacidad de autogobierno y ha hecho posible algo que parecía inaudito y muy criticable hace muy poco tiempo, como era conseguir tener una Hacienda propia, un Tribunal Superior de Justicia que fuera la última instancia o algo tan fundamental como las políticas de igualdad, que, siendo fundamentales cuando se elaboró el anterior Estatuto, no se pudieron incorporar porque no estaban en la agenda política. Asimismo, ha conseguido hablar de tener voz en Europa y, sobre todo, insistir en aquello que es fundamental: la sostenibilidad de las políticas. Todas estas cosas van a ser votadas y han sido apoyadas ya por todos los grupos políticos, salvo el PA; incluso el Partido Popular va a votar a favor, cuya acertada decisión todos valoramos positivamente. Su incorporación al apoyo de este Estatuto, no solo es importante para Andalucía, sino también para todos los estatutos posteriores. Para no extenderme mucho quiero manifestar que estos son aspectos fundamentales de la ampliación de las competencias autonómicas y financieras que supone la modificación del Estatuto de Autonomía. Ello ha hecho necesario, naturalmente, incrementar los artículos del Estatuto y, especialmente, la incorporación de los derechos sociales. ¿Por qué? Porque los derechos sociales que se incorporan son ahora exigibles ante la Junta de Andalucía y, por tanto, no creo que sea discutible su incorporación. Finalmente, quiero decir que aquel lejano referéndum de la primera iniciativa autonómica de Andalucía, que fue celebrado el 28 de febrero y dio como resultado el anterior Estatuto de Autonomía de Andalucía, de aquella constitución que Manuel Clavero, un conocido andaluz de todos ustedes, dijo en su día que no era autonómica sino autonomizable, aquel impulso dado el 28 de febrero marcó el camino y el desarrollo posterior del Estado de las autonomías español. Aquel fue un impulso igualitario. Aquello supuso dejar marcado claramente desde Andalucía que el camino del desarrollo autonómico de España iba a ser igualitario, que no uniforme naturalmente, y que no se iba a tolerar la discriminación. Esta reforma del Estatuto de Autonomía de Andalucía supone la concreción y modernización de todo el proceso estatutario igualitario. Supone, ni más ni menos, poner de relieve que la voluntad expresada por todos los ciudadanos andaluces y, con ellos, por la inmensa mayoría de ciudadanos de toda España es estar a favor de la igualdad. Esta es, sin duda, la principal aportación de aquel 28 de febrero que, modernizada, vamos a ver ahora ratificada, de nuevo, en la voluntad de esta Cámara y, posteriormente, en la de todos los ciudadanos andaluces.Por eso, cuando el 28 de febrero votaron los andaluces supieron que no estaban solos. Por eso, cuando el próximo mes de febrero, probablemente, los andaluces voten otra vez para ratificar este Estatuto sabrán que no están solos, que con ellos vamos a votar todos los ciudadanos españoles que estamos a favor de un desarrollo igualitario de la Constitución. Enhorabuena y muchas gracias a todos. (Aplausos en los escaños del Grupo Parlamentario Socialista.) El señor PRESIDENTE: Gracias, señoría. |